Diario de León
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Carta te escribo Martín Martínez

Querido hermano: Cuando recibas ésta, casi seguro que ya ha pasado Piñata. Como te decía en la última, este año —otros también, pero ahora más— el Ayuntamiento ha acertado en la elección de pregonero para tal piña . Ha acertado de lleno, porque Santos, el Joyero, que es como lo conocemos todos, fue uno de los pioneros en resucitar la Piñata en Astorga. Él, Nené, El Pertiguero y otro puñado de maragatos , allá por los finales de los setenta, principios de los ochenta se acercaban a La Bañeza a participar en sus fiestas de invierno , valía el símil para disfrazar la verdad.

Y con buen rollo de vecindad, para no interferir en días y desfiles, ambos a dos, Nené y José hablaron de la Piñata, que en Astorga tuvo mucho predicamento en tiempos pasados y armaron la de Dios es Cristo. José Santos lo tiene todo archivado en la memoria. ¿Cómo en la católica y levítica ciudad de Astorga van a resucitar tal esperpento? En plena cuaresma se armó un escándalo que no veas, con anatemas que no llegaron a excomunión de pura casualidad; parte del clero se subió por los muros catedralicios y algunos fieles se hicieron cruces mentales en las puertas de los pecadores; querían salvarlos de los futuros tormentos. Algún canónigo fue tachado de hereje, porque admitió que sobrinas y resobrinas tomaran parte en la reunión festiva; y algún curita bendijo al hermano promotor de algo calificada casi de brujería; después de haber recibido la ceniza, tú, vaya hermano.

Esos recuerdos y otros accidentes adonarán el pregón del platero, que lo mismo promociona la Piñata que la Semana Santa en esta ciudad. Por aquellos mismos años, revolucionó la Junta Pro Fomento a través de la Vera Cruz, con un generoso grupo de cofrades y el apoyo de las demás cofradías en bloque; y ya ves, ahora la Semana Santa anda en busca de la certificación Internacional. Que por cierto, hermano, estas distinciones se reparten como si fueran caramelos a la puerta del colegio y la devaluación es más grande que la del peso venezolano.

Querido, bien sabes que no soy dado a disfraces, aunque del antruejo soy un admirador. Ni siquiera de crío me puse un andrajo. Y recuerda cómo se celebraba en el pueblo. Antruejo de atropos y despojos de baúles, sacos de pulpa azucarera y manteos de estameña que se usaban solamente para rabizar la remolacha; nada que ver con el carnaval a lo brasileño, contra el que nada tengo. En mi recuerdo infantil antropológico y etnográfico, está aquella pareja que formaban Antón Panero y Manolo Nieto; este de domador, sujetando una fuerte cadena al cuello de Antón disfrazado de oso, con una piel de oveja, y enorme falo de hinchada tripa de vaca, al que hacían visajes las mozas. ¿Hubo, antaño, osos por Calzada o la Chanica? La otra atracción —no había más; para qué— era la del toro; bajo el armazón de madera cubierto con una sábana, nunca supe quién estaba; de torero hacía Pepe Valle, con camisa blanca, pantalón negro bien ajustado en la taleguilla y una especie de turbante en la cabeza; ni Machaquito, hermano. En la mano derecha empuñaba una reluciente espada de madera, pintada de purpurina plateada.

Esparciendo la cernada, anunciando el primer miércoles de Cuaresma —mañana— los quintos del año. Y lo más curioso hermano: recuerda que las mozas, que se disfrazaban bastantes, lo hacían vistiendo de maragatas , con sus arracadas y collares de cuentas coloreadas; a ellas forqueaba el toro para levantarle las sayas, con alborozo disimulado. Alguien debería estudiar estas tres singularidades; el oso, el toro y el disfraz de las mozas como maragatas. Claro que también recuerdo cómo madre, cuando amasaba, hacía la torta con azúcar para los rapaces en forma de muñeco al que decíamos maragato .

Alguien tendría que estudiar eso del oso, el toro y el maragato. Cúidate.

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