opinión | carta te escribo
Ha llovido
Carta te escribo martín martínez
Querido hermano: Y, cómo llovía, tú. Comprobado que te acongojó el agua y no pude disfrutar de tu compañía un solo día de la semana; sí de la de Nolete que no se pierde una. La verdad es que acertaste, si bien te perdiste la degustación de un par de limonadas que valían, bien valido, el viaje. Sobre todo la de una cofradía, cuyo nombre me reservo por aquello de la inspección.
En cuanto a las procesiones, el tiempo no dio tregua; con recorrido completo solamente salieron la del Atado de Piedralba y la el Resucitado pascual; bueno, también la de las Damas de la Piedad; para estas fue una compensación divina pues casi todos los años son las que sufren las inclemencias del tiempo recortando recorrido o simplemente quedando en casa al cobijo del santuario de Fátima. Sin salir quedaron las demás. Fíjate, hermano, si ha llovido que hasta el Jerga amenazaba salirse de madre como cuando éramos rapaces que saltaba el puente de Fuenteencalada y anegaba toda la Eragudina; uno no recuerda Semana Santa tan lluviosa y va para medio siglo informando de ello, que más de una nevada soporté en el balcón municipal micrófono en ristre. El Teleno que había quedado tapadito, como diría el cursi, con un manto níveo, albo en su totalidad, está ya enseñando sus vergüenzas escarpadas que favorecen el caudal del Duerna.
Es de suponer, y supongo bien, que esta primavera no habrá que imprecar de los Procuradores de la Tierra la votación de la virgen de Castrotierra. Hay agua para dar y tomar, agua en abundancia; están los campos encharcados y ahora toca pedirle sol para que el terreno coja tempero y puedan sembrar la remolacha, aunque sea un poco tardía; también los garbanzos que como sabes para el 25 de este mes deben estar abriendo el «pico de pardal» para que la rogativa de san Marcos cumpla con el refrán: «ni nacido ni por sembrar». Claro que por aquí no se estila lo que los mozos de Villarrín hicieron con su Cristo, cuando se cansaron de agua. Ya te lo contaré.
Hermano, te decía en la última que el Obispado anda programando el centenario de la finalización del palacio de Gaudí; en nota oficial he visto que tienen ciertas dudas de poder realizar la programación soñada porque en los Guzmanes no acaban de definirse sobre la colaboración económica a prestar; y sabes que esa es la «manteca» imprescindible para estos engranajes. Es postura que me choca, pues sé de buena tinta que desde dicho palacio han instado a diversos foros, como las Casas de León repartidas por el mundo, a que en sus programaciones culturales de este ejercicio haya un apartado específico dedicado a este palacio astorgano y su centenario. En alguna de estas «casas» puedo certificar que ya se ha cumplido el deseo –que me parece magnífico- de la Serra Presidenta.
Por cierto, querido; a esta ciudad han llegado ecos que ahí vais a celebrar por todo lo alto, ancho y profundo el 950 aniversario de la llegada del cuerpo de san Isidoro a esa maravilla de iglesia que hasta entonces se llamó de san Juan. Vale la pena que tengáis una celebración como se merece.
No obstante, quisiera recordaros, por aquello de vuestro ombligo, un solo punto de este asunto traslaticio. Aquel otoño de 1063 –la expedición había partido en el verano-, Albito que era vuestro obispo falleció en Sevilla a los pocos días de encontrar el cuerpo de Isidoro, a cambio del de Santa Justa. Comandaba la comitiva con vuestro obispo, el nuestro, Ordoño, a quien tenemos por santo. Este, con la compaña militar del conde Munio os acercó ese regalo espiritual,a la vez que portaba el cuerpo de su colega Albito. Por si no lo sabes, ya que siempre nos miráis por encima del hombro, algún día te contaré este episodio. Quede, por ahora, este recordatorio para refrescaros la memoria, que a veces sois muy olvidadizos si os interesa. Cuídate hermano.