piedrasecha
Unos roedores muy humanos
La carrera del queso estuvo marcada por la indumentaria de los participantes.

Los participantes corren ladera abajo para obtener el suculento trofeo.
Ataviados como si a uno de los mejores eventos acudiesen, con traje, pajarita e incluso bombín, varios vecinos de Piedrasecha corrieron ayer montaña abajo no para asistir a una boda, sino para hacerse con un suculento trofeo: medio queso. La ladera de la Choisa acogió ayer la tradicional carrera que reúne por estas fechas, desde hace más de un lustro, seis años, a grandes y pequeños, con el fin de hacerse con el suculento galardón lácteo. Una prueba más propia de países anglosajones y que ha logrado hacerse un hueco en el programa festivo de esta pedanía.
El evento, convertido en uno de los actos más esperados de las fiestas de la zona, consiste en que los participantes corran de la forma más rápida posible tras un queso, del que el ganador recibirá tan sólo la mitad, ya que el resto se utiliza para realizar posteriormente una comida para toda la junta vecinal en la Casa del Pueblo, donde los vecinos y visitantes aprovechan para pasar un buen rato en convivencia e intercambiar impresiones del certamen mientras disfrutan del queso leonés.
Para hacerse con el premio, el ganador debe obtener el queso en dos ocasiones, en un recorrido, en el que la agilidad y la destreza son necesarias para no perder el equilibrio durante la carrera, que es repetida en varias ocasiones, debido a la dificultad de la hazaña y a los obstáculos que pueden encontrarse en ella.
El acto, que cada año va cogiendo más adeptos y congrega a más público, al ser el único evento de este tipo que se celebra en la provincia, tuvo como novedad en esta edición la indumentaria de los participantes, que tras decidir el año pasado añadir un poco más de humor al acto disfranzándose de personajes muy dispares, en esta ocasión optaron por la elegancia, acudiendo a la cita con smoking, aunque eso sí, con calzado cómodo para poder correr tras el premio final. Una vestimenta, que además de ocasionar caras de asombro y varias carcajadas entre los asistentes, dificultó la carrera de estos «particulares roedores de queso», que finalizaron el recorrido con más de una magulladora tras rodar por el empinado tramo y con más de un roto en el traje.
Fin de fiesta
Esta peculiar carrera, junto a la tradicional eucaristía, las partidas de bolos y los bailes, sirvió para poner el broche final al programa festivo de Piedrasecha, una junta vecinal, en la que sus habitantes y visitantes ya esperan con ganas la próxima edición de este certamen, ya que las novedades y las risas están aseguradas.