UN MES DEL ACCIDENTE EN EL POZO EMILIO. LAS FAMILIAS EXIGEN EXPLICACIONES
«Sólo pido que no intenten tapar nada»
«No me van a devolver a mi marido; sólo pido que no intenten tapar nada», afirma la viuda de Juan Carlos Pérez, uno de los seis mineros muertos en el pozo Emilio del Valle de la Vasco.
Mª Jesús Oliveira con una foto junto a su marido.
—Mamá, ¿cómo se llama la empresa de papá?
—Pero, ¿no lo sabes?
—Es que sale aquí que ha habido un accidente en la Hullera Vasco Leonesa con seis muertos y cinco heridos.
María Jesús Oliveira se quedó paralizada en la silla, delante del plato de comida. «No se me pasó por la cabeza que fuera él. Pero le llamaba y tenía el teléfono apagado. Va a estar ayudando», pensaba. Telefoneó a la empresa, no le podían decir nada. Volvió a insistir y tampoco... «Me dolió en el alma enterarme así, por internet, luego me pidieron disculpas, pero ya estaba hecho el daño».
Es la viuda de Juan Carlos Pérez Fernández. Su hijo Cristofer, de 18 años, le dio la noticia. Salió corriendo al pozo Emilio del Valle, y al cabo de unas horas pudo ver a su marido, con la cara manchada de carbón y la funda de trabajo. Metido en una bolsa. Sin vida.
No puede mirar la foto que conserva de él con el casco de minero. Besa cada noche la última foto que se hicieron juntos. Y recuerda las veces que le oyó decir a Juan Carlos que «había mucho peligro y cualquier día pasaba algo». Pero el macizo 7 está cerrado a raíz del brutal accidente y seis mineros no han vuelto a casa.
«No me van a devolver a mi marido; sólo pido que no intenten tapar nada», afirma. De las investigaciones nada sabe y está a la espera, como las demás familias, de que el juzgado les comunique las acciones a ejercer.
Afronta el duelo con ayuda psicológica y el acompañamiento permanente de familiares, amistades y vecinas. Por consejo y por su hija ha reanudado sus talleres de patchwork, sin ganas. Se quiebra de dolor pero «sé que voy a salir, por mis hijos y por él y por mis suegros porque era hijo único y somos lo único que les queda». Los fines de semana se desplaza a Bembibre para estar con ellos.
María Jesús está agradecida a todo su entorno, amistades, compañeros de su marido, familia. «No me han dejado ni un momento sola», subraya. Nuria, la hija de 14 años, duerme a su lado. «Me preocupa lo enteros que les veo, pendientes de mí», comenta. Un compañero le recuerda «lo orgulloso que mi marido estaba de mí» y eso le da fuerzas para no volver a encender un cigarrillo. «Lo dejé el 1 de agosto y él me animó mucho. Ahora me acuerdo y me lo recuerdan y sigo sin fumar por él», comenta.
La rabia y la impotencia le asaltan a ratos: «¿Por qué nos tuvo que pasar esto?», se pregunta. Y su pensamiento, también a ratos, se niega a asumir que su marido ya no está: «Todavía hay veces que espero que me abra la puerta. Es muy duro, nadie se lo puede imaginar», dice María Jesús.
Su marido llevaba 20 años de minero, 14 en la Hullera Vasco Leonesa. Era la segunda semana que estaba en el turno de mañana. La mina era todo lo que conocía. Y el fútbol su afición. Por encima de todo, dice suavemente, Por encima de todo, para ella era «buena persona, trabajador, compañero, muy buen padre y muy buen marido».