BOÑAR
El patriarca pinaruchi
Herminio Marcos llega a centenario tras una vida intensa.

Herminio Marcos.
Esta es la historia de un hombre, de un padre, de un abuelo, de una persona silenciosa que el día 16 de septiembre, se atreve a cumplir 100 años con la que está cayendo. No pretende ser un homenaje; seguro que no le arrancaría ni una lágrima leer su vida en unos pocos párrafos y acordarse otra vez de las desdichas que ha tenido que pasar; llorar nunca ha sido lo suyo...
Por aquella época, septiembre de 1914, Japón le declaraba la guerra a Alemania, Europa era un polvorín, la I Guerra Mundial acababa de estallar. Mientras tanto, en Adrados, nace Herminio Marcos, hijo de Luciana y Emilio, en un tiempo donde pocos habían probado los plátanos y donde tener dos comidas al día era cosa de ricos. Hermano medianero entre Jamín y Florinda, Herminio es un niño que con apenas 3 años espera a su madre todo el día jugando en la presa. Su padre ha faltado siendo él casi un bebe y a Luciana no le queda otra que dejarle solo para ganar el poco pan que comían y que muy pronto, con los mocos casi aun colgando, tendrá también que ganarse él.
La guerra le hizo pasar por malos tragos, como a tantos enviados a un lado u otro de la trinchera sin afección política alguna. Luchar en la batalla del Ebro en el lado de los nacionales, enfrentándose a su hermano que luchaba por los republicanos, recibiendo un balazo en una pierna y con la incertidumbre de saber si una de sus balas fue la que provocó la amputación del brazo de su hermano Jamín.
Su vida, plagada de anécdotas, le lleva a trabajar de pastor desde muy joven, trabajo que le reporta varios sustos. Como cuando Ramirón, el maqui de Vozmediano, tras la guerra, le pide en medio del monte una oveja del rebaño común del pueblo que pastoreaba, ofreciéndole Herminio una de las suyas para evitar represalias, a lo que Ramirón respondió con una pregunta: ¿cuáles son las del más rico del pueblo ? Y una de esas fue la que cogió y pagó en el momento, para que Herminio no tuviera problemas. O como cuando pastoreando encontró un cuchillo de oro en el castillo de los moros y se lo quedó el patrón.
La mina también dejó huella en Herminio, al que quemó uno de sus pulmones. Cuántos kilómetros de noche por el monte desde Adrados hasta Veneros, lámpara de carburo en mano y con el aliento de los lobos en la chepa.
Una vida que pasó al lado de Conce, más de siete lustros juntos y que hace ya unos años le vigila como ángel de la guarda a él y a la familia , con la que tuvo 5 hijos, 8 nietos y 9 biznietos, todos pinaruchis .
Más de 40 años trabajando en los carburos de Boñar le sirvieron para forjar muchas amistades que respetó hasta el final del camino. Le gustaba caminar con ellos, pero un día se dio cuenta que ya sólo quedaba él y dejó de hacerlo.
Afable, escueto en palabras y con la procesión por dentro ante las adversidades, irónico y con ese humor sabio que dan los años, siempre ha preferido el silencio a una palabra que pudiera ofender al que le escuchaba.
Ahora, esperando a que el telón de su vida se baje para siempre, cumple 100 años, al cuidado de su hija y con las fotos de los nietos en el salón de su casa del Parque, con la tranquilidad de camino recorrido por un buen hombre y con el cariño y amor que toda la familia le profesan.