laguna dalga
‘Viajes de los que nunca regresas’
Lola Quintanilla publica un libro en el que trata su experiencia vital como mujer de algo más de cincuenta años en el medio rural, que a veces resulta opresivo.

Lola Quintanilla posa con su libro recién publicado.
«Mujer de 53 años. Me llaman Lola, pero no soy la Lola de España, ni la de Calatayud, ni la que bailaba con Los Brincos o a la que cantaba Café Quijano. El único título oficial que tengo es de A.E., aunque no ejerzo en ello, con lo cual no ‘soy’ nada, pero hago mucho: hago de ama de casa (y todo lo que eso conlleva), de agricultora light, de madre... Soy muy curiosa y el ‘si quieres puedes’ lo tengo presente en mi actitud de vida; por lo que picoteo en todo lo que tenga que ver, sobre todo, con las bellas artes: manualidades, música, pintura... Siempre me ha gustado escribir, y últimamente más; no sé si porque tengo más que contar por culpa de la edad, o porque se me ha soltado la mano... Este libro, en buena medida, trata de mí, pero, en gran medida, también de ti -mujer que rondas las cinco decenas, mujer de pueblo, mujer de campo- porque a fin de cuentas, en nuestras vidas la mayor parte de los temas los hemos sufrido, disfrutado o silenciado de manera casi idéntica. Entra y ya verás que sí, que ya no eres ese bicho raro que piensas que eres o que te dicen que eres, la única a la que le pasa lo que le pasa, la que pensó, la que quiso hacer, la que, aún, quiere hacer...».
Con estas líneas introduce Lola Quintanilla su libro Viajes de los que nunca regresas. Cuando una mujer cumple los cincuenta . No se puede explicar y resumir mejor la temática del mismo. No se trata de una autobiografía, pero casi. Es un ensayo autobigráfico en el que más que de hechos concretos, que también, habla de sentimientos, de vivencias, de sensaciones, de experiencias personales. «Yo me desnudo en muchos pasajes», dice la autora.
Lola Quintanilla es una mujer de Laguna Dalga. «Aquí nací, aquí crecí, aquí me casé y aquí vivo», comenta. Esta circunstancia, la de vivir en un pequeño pueblo agrícola, la ha marcado como a otras tantas de su generación. «Naces, creces, enseguida te casas, tienes hijos, eres ama de casa y ayudas en el campo. Es lo que hay que hacer», comenta. Y explica que es como si el destino, el entorno, el medio «nos hubiera ido marcando, sin darnos cuenta», en cada una de las etapas de la vida.
En su caso, Lola, se quedó huérfana de madre siendo niña. «Entonces tuve que hacerme cargo de la casa. Me casé joven». Señala que siempre tuvo inquietudes para estudiar, «pero nunca era el momento». En cierto modo las circunstancias, el medio, «eran como un corsé que me apretaba». Y ahora, llegados los cincuenta, «en los que te das cuenta que ya has pasado la mitad de la vida he decidido quitarme esas ropas que me ahogaban».
El libro viene a ser, en cierto modo «una liberación». Señala que comenzó a escribir casi por necesidad, porque se lo pedía el cuerpo, «y de repente me di cuenta que tenía más 150 páginas y pensé que debía publicarlas porque mi experiencia puede servir a otras mujeres de mi generación que han vivido circunstancias similares».
No deja ningún tema en el tintero. Como el matrimonio, «que no es lo que nos contaron», comenta.
La afición por la escritura no es nueva en Lola Quintanilla. Hace unos años ya publicó otro libro sobre las costumbres y tradiciones de Laguna Dalga y en otro sobre fotos antiguas del pueblo ejerció de coordinadora.