«Maldito el día que dejé la térmica»

Juan Carlos Pérez, ganadero de Candanedo, junto al semental de su establo. RAMIRO
Juan Carlos Pérez, ganadero de Candanedo de Fenar, ha ido quitando vacas en los últimos años al ver que «desde que entramos en la Comunidad Europea esto ha ido en picado». De familia ganadera, llegó a tener más de veinte vacas y ahora la Cea-Esla no le retira la producción de un negocio que en su momento fue tan rentable como para que dejase su empleo en la central térmica de La Robla. Entonces, «un ternera costaba 60.000 pesetas y yo cobraba en la central 45.000». Desde 1985 se ha dedicado a su granja, trabajo que le gustaba, pero que ahora le hastía por los numerosos problemas. La decisión de que su mujer trabajara fuera de casa, manteniendo la granja permite a su familia «estar mejor ahora que cuando los dos nos dedicábamos a las vacas. Por ahí se ven verdaderos dramas y no me tocan a mí, pero me pongo en el lugar de los demás». Llevaba doce años entregando la leche a la Cea-Esla y ha buscado quien le compre la leche desde que la cooperativa le anunció que cesaba la recogida sin encontrarlo. «Maldito el día que dejé la térmica», reflexiona ahora.