Falleció ayer en gordaliza del pino
Casis, adiós a un rebelde del vino
Viticultor antes que bodeguero, vinificó los mostos de cuatro cooperativas, impulso la DO Tierra de León y vivió siempre la viña y la bodega como escenarios para una constante experimentación.

Pedro Casis, que ayer murió a los 77 años, pasea por La Vieja, la viña a la que dio tanta vida. RAMIRO
RAFAEL Blanco | León
Viticultor y bodeguero —por ese orden— con más de cincuenta años de experiencia en el sector y un legado impagable por sabiduría y bondad, Pedro Casis dejó huérfano ayer el vino leonés. Autodidacta, de firmes convicciones e interminable conversación, fue uno de los padres del vino de aquí y gran impulsor de lo que hoy es la Denominación de Origen Tierra de León, en la que su bodega figura como una de las primeras adscripciones. Riojano de origen y químico de profesión —esa era la consideración para quienes hoy son enólogos—, Casis llegó al vino leonés en el año 64. Lo hizo muy joven, con el título bajo el brazo y para hacerse cargo de la dirección técnica de la Cooperativa Vinícola Unión del Páramo, en Gordaliza del Pino. «Cobraba tres mil pesetas y pagaba dos mil de patrona», recordaba con frecuencia en conversaciones con referencias dispares y profusión de datos. Pero su rebeldía contra ciertas prácticas generalizadas en el vino de aquella época lo obligaron a tomar otro camino y a partir de entonces, ya en el año 1970 y durante otros diecisiete, trabajó en las cooperativas de Galleguillos, Grajal de Campos y Valdevimbre. Para entonces ya había enraizado familiarmente en Valencia de Don Juan y, por supuesto, en Gordaliza del Pino, donde en el año 65 compró dos tercios de la propiedad de la bodega que lleva su nombre, que fue sólo suya a partir de 1991. Lamentó siempre que la concentración parcelaria no fuese aprovechada para reordenar y renovar el viñedo y la pérdida por ese motivo de 300 hectáreas de cultivo sólo en esa localidad. Pero eso le permitió definir su proyecto vitícola y hacerlo, además, a capricho cuando en 1990 plantó La Vieja, siete hectáreas de viñedo que luego amplió en otras siete y media. Defensor a ultranza del Prieto Picudo, no aceptaba argumentos excluyentes respecto a otra variedades y en realidad sus viñas fueron —son— un auténtico muestrario varietal en el que hay también Mencía, Garnacha Tinta, Tempranillo, Shyrah, Godello, Verdejo, Viura, Moscatel, Treixadura y… Negro Saurí, base de su última y experimental elaboración como monovarietal tinto. En su haber caben muchos otros vinos, cada uno distinto al anterior, y muchos reconocimientos por su calidad y también por su valentía: elaboró el primer gran reserva de Prieto Picudo con la vendimia del 2006. Nunca nadie había llegado tan lejos en el tiempo con la variedad autóctona. Se bodega y su legado quedan a buen recaudo en manos de su hija Ana. También sus inquietudes, su inconformismo, su tozudez, su eterna rebeldía… y una visión extraordinariamente solidaria de la vitivinicultura: «El viñedo debe tener carácter social. Si la bodega y el viñedo se mecanizan en exceso, lo que estás haciendo es quitar el trabajo y el medio de vida a mucha gente».