HOMENAJE A LOS ocho PUEBLOS INUNDADOS
Razones del corazón en el embalse del río Porma
La presa de Juan Benet acoge un acto para mantener el recuerdo y la cultura de las localidades desalojadas tras la construcción del muro.
Una mujer nacida en una de las localidades inundadas lanza uno de los ramos. JESÚS
A. Domingo | Redacción
Medio siglo erguida, contando hectómetros con los que apagar la sed de cultivos y pastos de tierras más llanas, la presa de Juan Benet tuvo que escuchar ayer las razones del corazón, enraizadas en los pueblos sacrificados por una infraestructura con capacidad para dominar una de las fuerzas de la naturaleza: el agua.
Vegamián, Campillo, Utrero, Lodares, Ferreras, Quintanilla, Armada y Camposolillo descansan desde hace 50 años en una tumba de agua. Y ayer, desde lo alto de la presa, un ramo por cada pueblo inundado se arrojó al embalse. Fueron nacidos en estas localidades los que depositaron sobre la enorme losa de agua del río Porma el cariño de quienes dejaron su casa, su valle, su patria chica en favor de otros. También se descubrió una placa conmemorativa y Esteban Quiñones leyó un poema en honor de los pueblos. Preservar la memoria y el patrimonio etnográfico y cultural de los pueblos hundidos era el objetivo del acto, en el que Antonio Barreñada ejerció de presentador.
El presidente de la Asociación de Amigos de la Montaña del Porma, Benito González, invitó a reflexionar a los presentes sobre la conveniencia de construir este tipo de infraestructuras, que ha dejado cicatrices «sociales muy profundas». No faltó la referencia a Riaño, de cuyo cierre se han cumplido 30 años.
La presa sirvió de escenario para la presentación de Peñamián , de José Antón Acevedo, Isidoro de la Fuente y Ángel Luis Martínez. Una obra enciclopédica, más de mil páginas y en dos tomos, que recoge la genealogía de unas 2.500 familias del antiguo municipio de Vegamián, remotándose incluso al siglo XVI en algunos casos.
Intervinieron el alcalde de Boñar, Roberto Álvarez; el periodista y escritor Julio Llamazares; el cineasta, Epigmenio Rodríguez; el presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, y los periodistas Fulgencio Fernández y Emilio Gancedo.
Gancedo, cuyo abuelo materno nació en Lodares, aportó una enseñanza positiva. «Aprendí de mi abuelo a no sentir odio, rencor, ni venganza» a pesar de la pérdida. Los habitantes del valle fueron «gente especial, que vivió con dolor esta experiencia, pero sin rencor, de una manera muy distinta a como lo hubiera sucedido hoy», explicó.