VELILLA DE LA REINA EXPULSA A LOS ESPÍRITUS
Los ritos de la fecundidad

Un oso y un guirrio amorosos. JESÚS
Toros y guirriros, de impecable blanco y con botas de caña alta, fustigaron al público que se dio cita ayer en Velilla de la Reina y a las mozas, en su ancestral rito de fecundidad. Los quintos se encargan de levantar a la moza casadera sobre las astas del toro. Pero la mascarada de Velilla también tiene un claro carácter agrícola, en el que se pide la fecundidad de la tierra, con la siembra de la cernada con arado romano. Al final, propios y extraños acaban encisnados de ceniza que también sirvió de nutriente para una tierra de la que vivía la mayor parte de la población en otro tiempo.
Pero no faltan en Velilla —ayer llena de gente, con una mejor temperatura que en otros años, aunque ya en bajada, y mucho aire— otros personajes del antroido prerromano, como el oso, la gomia, el pellejo, así como los que ha llegado por contagio del Carnaval moderno, dando al infernal cortejo de espíritus de la oscuridad y del solsticio que se acaba, a los que se ahuyenta con la ceremonia, el extraño aire del anacronismo.
Cencerros, vejigas, tenazas, garrotes y otros elementos sirven para alejar a los malos espíritus en una naturaleza que se renueva, a la par que comienza a dar el fruto que se sembró en otoño y da pie a las labores del campo propias de la primavera.