LUTO EN LA DIÓCESIS

«Ni tiró la toalla ni se bajó de la cruz»

Centenares de personas abarrotaron ayer la Catedral de Astorga para dar el último adiós a Juan Antonio Menéndez . El prelado fue enterrado en la capilla de San Jerónimo de la seo asturicense, al lado del obispo José Castelltort

El féretro, con los símbolos pontificales. JESÚS F. SALVADORES

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ALEJANDRO RODRÍGUEZ | ASTORGA
León

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La ciudad de Astorga dio ayer su último adiós a su obispo, Juan Antonio Menéndez, fallecido el pasado miércoles a causa de un infarto fulminante mientras estaba su despacho. Los miembros de la corporación municipal del Ayuntamiento de Astorga conformaron pasadas las cinco de la tarde el cortejo fúnebre desde la Casa Consistorial hasta la capilla ardiente del prelado instalada en el Seminario Mayor, acompañados durante el recorrido por la Banda Municipal.

Una vez allí, miembros de las diferentes cofradías de la Semana Santa de la ciudad portaron a hombros el féretro del mitrado para sacarlo de la capilla hasta las puertas del Seminario, donde esperaba un coche fúnebre para trasladarlo hasta la Catedral de Astorga donde se celebró el funeral. Multitud de personas se congregaban en ese momento por las distintas calles por las que transcurría el cortejo; instantes en los que comenzaban a caer algunas gotas de lluvia, quién sabe si en señal de duelo por la pérdida inesperada del obispo.

El arzobispo de Oviedo (centro) presidió el funeral. JESÚS F. SALVADORES

A las puertas de la Catedral se agolpaban aún un mayor número de personas para despedir a Juan Antonio Menéndez, en las que el féretro fue recibido por el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Ricardo Blázquez, además de por los obispos y vicarios generales procedentes de Oviedo, Pamplona, Granada, Valencia. Ávila, Toledo o Bilbao, entre otras ciudades; a la vez que se escuchaba el tañer de las campanas.

Fue en el interior de la seo asturicense cuando las centenares de personas que la abarrotaban dieron un fuerte y sonoro aplauso al obispo fallecido mientras varios párrocos pujaban a hombros el ataúd. Tras dejarlo frente al altar del templo mayor, el arzobispo de Oviedo y presidente de la provincia Eclesiástica de Oviedo a la que pertenece Astorga, Jesús Sanz Montes, fue el encargado de oficializar la misa exequial del prelado.

Los fieles despidieron a su pastor con un emocionado aplauso. JESÚS F. SALVADORES

A la celebración de las exequias de Juan Antonio Menéndez acudieron diferentes autoridades civiles y militares y representantes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado de la ciudad, así como el subdelegado del Gobierno en León, Faustino Sánchez, el presidente de la Diputación provincial, Juan Martínez Majo y el consejero de Fomento y Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, Juan Martínez Majo; además de los miembros de la corporación municipal del Ayuntamiento de Astorga.

Durante la misa, el arzobispo de Oviedo recordó ese 19 de diciembre de 2015 en el que Juan Antonio Menéndez fue nombrado como obispo, destacando la «ilusión» con la que afrontó el estreno de su ministerio episcopal. De la misma forma, Sanz Montes resaltó que «sufrió enormemente con toda una serie de situaciones heredadas que intentó abordar con mesura, prudencia y tacto», en referencia a los casos de abusos sexuales a menores realizados por sacerdotes.

Julián López (izquierda), en el funeral. JESÚS F. SALVADORES

Además, el arzobispo de Oviedo aseguró que el prelado «ni tiró la toalla ni se bajó de la cruz, y hasta el final dio a quien quisiera verlo y escucharla el supremo testimonio del amor a Dios». El recién nombrado administrador diocesano, José Luis Castro, también tuvo unas palabras de agradecimiento durante el funeral para todos aquellas personas que han mostrado sus condolencias a la Diócesis de Astorga.

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Tras la misa, el cuerpo con el féretro de Juan Antonio Menéndez fue enterrado en la capilla de San Jerónimo de la Catedral –situada al lado izquierdo del altar-, junto al obispo José Castelltort, fallecido en 1960. Al término del funeral, los asistentes al mismo volvieron a dar un enternecedor aplauso de despedida a Juan Antonio Menéndez.