Diario de León

CARTA TE ESCRIBO Martín Martínez

Dos clérigos

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Querido hermano: Mientras las escasas lluvias intentan un remedio, acaso tardío, el ambiente se vuelve nostálgico, de retornos escolares, síndromes vacacionales y recuerdos que se amontonan. Porque tengo en estas jornadas el recuerdo para un cura, pastor de almas, al que en Barrios de Luna invistieron como Pastor Mayor. Anduvo Luis (Luis González Morán) paseando su humanidad y su humanismo por estas calles astorganas, cuando por los años sesenta ejercía de canónigo en nuestra catedral. Él, con Esteban Carro y otros, formaba parte de una tertulia sin sede ni horario, en la que se hablaba de lo divino y lo humano, más de esto, que ya te digo eran humanistas; se daban algunos tientos a los churros de Froila y al orujillo que Esteban lo prefería anisado, goloso como nadie; Luis no, Luis lo quería recio como, su tierra montañesa, especialmente después de alguna cena en las que casi se llegaba a la gula, como aquella de Villafranca donde ambos compitieron en despachar pimientos de «puta parió», ya cenados y bien cenados. He visto con satisfacción el nombramiento, porque Luis siempre ha sido un buen pastor, y como montañés sabe mucho de trashumancia, de cañadas y cordeles, de veredas y coladas, de puertos y pastos, mayorales y rabadanes, mastines o perros de «aqueda», pocos llevarán el cayado, o cachiporra, con tanta dignidad como él, profundamente enraizado en su tierra, luciendo con orgullo tal distinción y a los astorganos, por aquello de la afinidad, algo nos toca El músico, compositor y académico Como nos toca el recuerdo triste, pues otro clérigo diocesano se nos ha ido. Miguel Alonso, el músico, el compositor, el académico, era de Villarrín de Campos, pueblo semillero de intelectuales y gentes de mando, gentes de altos vuelos, como si las lagunas, las salinas, posaderos de avifauna, dieran alas a sus avencindados. Tiempos hubo en los que curia y cabildo de Astorga, en varios siglos que Villarrín fue de nuestra diócesis, estaban dominados por clérigos de esa localidad. Recuerda, si no, hace medio siglo a aquel don Mariano Flórez, tan poquita cosa y de tan grande talla; o aquel don Federico, también Flórez y familiar del anterior, y también canónigo que con gran sorna decía aquella, gran verdad: «En cualquier parte, dos y dos son cuatro; en un cabildo, dos y dos puede ser cualquier cosa nunca, cuatro. Miguel Alonso no cursó sus estudios en Astorga, pero siempre anduvo muy arrimado a su clero La deuda de Astorga con Miguel Alonso La desaparición de Miguel Alonso ha dejado en la música clásica un vacío difícil de rellenar. Se inició en Ciudad Rodrigo y, después de pasar por Madrid y Roma, en cuyos conservatorios se graduó y doctoró, allá por 1971 sentó sus reales en la capital de España para ejercer de maestro, consejero y promotor. En la televisión y en la radio, desenterrando viejas partituras y descubriendo nuevos, y viejos músicos algunos totalmente caídos en el olvidado deliberadamente. Por eso Astorga, hermano, tenía, y sigue teniendo, una deuda con Miguel Alonso; porque él fue quien sacó del ostracismo a nuestro mejor músico, Evaristo Fernández Blanco. Desde su dirección de Radio Clásica, o la Delegación de la Orquesta Sinfónica de Radio Televisión Española, allá por los años 80 desempolvó las composiciones de Evaristo, colocándolo en el lugar que, le correspondía. Miguel Alonso tuvo arte y mucha parte en aquel homenaje que Astorga tributó a Evaristo, en el Bimilenario con el estreno del Cuarteto Cromático. Anduvo Miguel siempre azacaneando con sus tareas directivas y a pesar de todo tuvo tiempo necesario para escribir artículos magistrales, impartir charlas, fundar y dirigir aquella prestigiosa revista llamada Psalterium, componer, obras, como su Misa Paschalis, o mostrarse como un experto musicólogo en el Canto Llano y catalogar, las obras de Conrado del Campo. Sí, hermano, la alegría de la distinción de Luis se nos ha quedado empañada por la ausencia de Miguel. Es el septiembre nostálgico.

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