Diario de León

Este foro social, muestra los opulentos edificios que construyó la burguesía

Plaza Mayor (I)

Las clásicas balconadas de las edificaciones forman parte del patrimonio de la ciudad

Las clásicas balconadas de las edificaciones forman parte del patrimonio de la ciudad

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León

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Corazón y encrucijada de los trajines ciudadanos, la Plaza Mayor preserva al día de hoy su encanto tradicional, labrado a base de patrimonio monumental y esencias nostálgicas del pasado. Este escenario grandilocuente de la vida social bañezana sigue siendo la mejor tarjeta de visita de la ciudad, acondicionada en un envoltorio que invita a recorrer el enclave, dejarse seducir por su embrujo y escuchar el bello latido urbano. Ubicada naturalmente en la zona más noble de la ciudad, a la Plaza Mayor confluyen, partiendo desde la mano derecha del Consistorio, las calles de Manuel Diz, Astorga, el Reloj, Padre Miguelez, Juan de Mansilla y Fernández Cadórniga. Alrededor de la glorieta central, adornada con pensamientos durante el pasado año, se abre una perspectiva asoportalada y solemne, compuesta por edificios con clásicas balconadas que están incluidos, en algunos casos, dentro del catálogo de construcciones sometidas a protección especial. La adinerada burguesía local edificó tiempo atrás un ramillete de viviendas opulentas y distinguidas, conformando las mejores muestras del patrimonio urbanístico local. A su vera se han dispuesto una serie de bancos, árboles y espacios ajardinados que se dan la mano con las animadas terrazas. Y como remate al panorama, una hilera de comercios donde se combina la modernidad de última hora, cuyo mejor ejemplo es la oficina del Diario de León, con establecimientos que superan con largueza el centenario de existencia. Lógicamente, mayor antigüedad tiene la plaza, pues ya durante el siglo XVI lucía la misma denominación, sólo cambiada entre 1838 y 1847 por la de Plaza de la Constitución. Aquí residían los bañezanos de mayor lustre, como don Juan de Mansilla, la familia Travieso o el «voticario» Diego López. Por ella pasaron los Reyes Católicos, tanto monta Isabel como Fernando, e incluso Felipe II de camino hacia La Coruña. No todos los fastos resultarían tan agradables, pues según una tradición oral recogida por el cronista Marcos de Segovia, un oficial de Napoleón se pegó un tiro en un balcón de la Plaza Mayor, incapaz de soportar las barbaridades cometidas por la soldadesca francesa contra el pueblo leonés. Sus venerables piedras han sido testigos de la fiesta que se organizó el domingo 6 de agosto de 1854, con fuegos artificiales incluidos, para celebrar la victoria en la batalla de Vicálvaro. O de escándalos como el que protagonizó el 31 de mayo de 1874 don Vicente Barrachina, el entonces director de la banda municipal de música, a las mismas puertas del Consistorio, donde arrojó como gesto de protesta los atriles y otros instrumentos de su profesión.

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