Diario de León

CRÓNICAS PÉSICAS Pedro V. Álvarez Collar

La trashumancia

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León

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Todos los años por estas fechas y, como siempre acompañando al Grupo de Cultura Tradicional Tenada, pude acudir al paso reivindicativo que realizan, en esta ocasión por Salamanca, aprovechando la celebración de Capital Europea de la Cultura, uno de los rebaños de merinas que bajan de los puertos leoneses a invernar en clima más benigno de la Extremadura. El Grupo Tenada, pionero de este apoyo a la Asociación Concejo de la Mesta, que bajo la dirección de Jesús Garzón llevan desde los comienzos, allá por el año 1993, en su lucha por la recuperación de las cañadas reales, hoy pasto de gasolineras, puti-clubs y chalets adosados... El Grupo Tenada lleva, como digo, desde los comienzos de esta lucha reivindicativa, al lado de Garzón y su Concejo de la Mesta, asistiendo a Madrid, en estos años pasados y a Salamanca en este 2002, apoyando cualquier iniciativa que signifique tradición y justicia con lo que los tiempos pasados fueron para nuestros pueblos. Hoy, Tenada, está promoviendo en León (junto a este Diario) las primeras jornadas de cultura tradicional en el Camino de Santiago francés, que bajo el título Un alto en el camino, nos ofrecen una muestra de aquello que, a través de los siglos, ha unido y separado a los distintos pueblos del Camino de Santiago. Aconsejo a todas las personas sensibles, que gozan con estos eventos se acerquen bien a la exposición de San Isidoro, sobre indumentaria y joyería popular; bien al Club de Prensa del Diario de León, para ver la exposición de aleluyas; o sino acudan a las distintas conferencias que se imparten, o a las actuaciones de bailes tradicionales o de música folk en el nuevo auditorio. No cabe sino el elogio más emotivo para este grupo Tenada que, sabiendo buscarse la adecuada colaboración, lleva a cabo eventos que, como este que nos ocupa, trascienden y les hacen grandes. Pero, estábamos hablando de la trashumancia y sus reivindicaciones, tratando de recuperar lo que aún no se ha perdido totalmente, antes estos tiempos que todo lo devoran, de las Cañadas Reales. Este año le ha tocado el turno a Salamanca. La expectación, lógicamente, fue menor que lo que ocurría en Madrid al paso de un rebaño de 4.000 merinas, unos cuantos caballos, burros, parejas de bueyes y grupos de baile, que despertaban la sorpresa de infinidad de turistas japoneses, americanos y residentes de cualquier rincón de España. En Salamanca la afluencia de público fue menor. Principalmente por la falta de apoyo por parte de cualquier institución pública, que ignoran todo lo que no sean actos multitudinarios, tipo Operación Triunfo o Gran Hermano, que son lo que realmente vende en este puto país. Como muy bien comentaba el salmantino Mayalde, este tipo de actos deberían de ser anunciados en los colegios para que los niños asistieran a recordar un pasado no muy lejano en el tiempo, que si no sus padres sí sus abuelos recordarían... Pero, lo que decíamos anteriormente y él comentaba riendo, entre carajillo y carajillo con los pastores si dicen que viene Bisbal arreando el rebaño el éxito está asegurado. Uno, disfrutó lo suyo charlando con los pastores extremeños de los puertos lacianiegos, de comer migas en el chozo de Veigas, allá en las faldas del Cornón. De los montes de Babia. De los rebaños de Luna. Como decía la canción: «Ya se van los pastores cañada arriba, ya se ponen las babianas la ropa fina.../ Ya se van los pastores cañada abajo, ya se ponen las babianas los zarandajos... Por esto, queriendo ser fiel a la naturaleza, al igual que el 1 de noviembre del año 2000 y que el 7 de noviembre del 2001, en este 6 de noviembre del 2002, quiero rendir un homenaje a todo lo que signifique tradición, a todo lo que signifique reivindicar un pasado en paz, a todo lo que signifique recuperar nuestro cercano pasado, escribiendo como en anteriores años sobre la trashumancia, sobre grupos como Tenada, sobre gentes como Jesús Garzón, en definitiva, sobre todo aquello que intente recordar aquello que un día fuimos y nunca deberíamos de olvidar... Y, desde esta humilde tribuna invito al pueblo lacianiego y babiano, pueblos de inmejorables pastos, y de buenos pastores a que en la otoñada del 2003, se acerquen a donde quiera que pase en esta ocasión la trashumancia, probablemente en Madrid y acompañen a las merinas en su camino entre la montaña leonesa y la Extremadura.

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