El homenaje
En 1909 y con la autorización del Padre General, nuestro protagonista marchó a Méjico atendiendo la llamada del señor Montes de Oca, por entonces Obispo de San Luis de Potosí. En aquellos lejanos confines escribiría una interesante monografía sobre La Independencia de Méjico, regresando al cabo de un par de años a España para ser destinado a la isla de Mallorca. Estancia que aprovechó para preparar dos tomos sobre documentos inéditos de Jovellanos, pasando más tarde a El Escorial con el puesto de bibliotecario. Al poco de cumplir los cincuenta años y convertido en un personaje de relieve internacional en el ámbito religioso, el Padre Miguélez recalaba en su villa natal para recibir el merecido homenaje que le dispensaron sus convecinos. El día 1 de enero de 1914 se descubrió una lápida en la antigua calle de La Madera, nominada desde entonces y hasta el presente como calle del Padre Miguélez. La prensa local se sumaría al acto con la publicación de una biografía sobre la trayectoria profesional del homenajeado, quien dedicaría el resto de su productiva y atareada existencia al estudio y la divulgación de todo tipo de trabajos históricos, literarios, numismáticos, míticos y apologéticos. A la hora final de su fallecimiento, acontecido en El Escorial el día 17 de mayo de 1928, el Padre Miguélez dejó escritos más de cien estudios que abarcaban una asombrosa gama de temas. Dejando de lado el aspecto intelectual, concluiremos esta semblanza destacando la extraordinaria categoría moral que siempre le caracterizó. El mejor ejemplo de su fibra lo encontramos en la encendida defensa que emprendió a favor del polémico y cuestionado Jacinto Verdaguer, el poeta más universal de la lengua catalana. El Padre Miguélez se volcó en su rehabilitación sacerdotal, mereciendo por su noble empeño un homenaje del Círculo Catalán en Madrid. Durante el acto, uno de los conferenciantes diría que el encuentro de Verdaguer con Miguélez «fue una de las más grandes fortunas de su vida».