Diario de León

Entrevista con el  secretario de la Sociedad Canina Leonesa

Félix García: «Hay argumentos de sobra para que el mastín leonés sea raza diferenciada»

El Campeonato del Mastín de León celebró este año su 31 edición. Más de 300 concursos desde 1992 con los que analizar el origen, el presente y el futuro de esta raza emblemática

Editorial: El valor del mastín leonés

Félix García (izquierda) y Mario Alonso (derecha), impulsores del Concurso de Mastín, con tres de sus espectaculares cachorros.

Félix García (izquierda) y Mario Alonso (derecha), impulsores del Concurso de Mastín, con tres de sus espectaculares cachorros.FERNANDO OTERO

María Carnero
León

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Probablemente, es una de las personas que más sabe de perros en la provincia. De todas las razas. De su comportamiento, de su historia y de importancia en la sociedad. Por este motivo sabe muy bien mirar con perspectiva la situación del que es todo un emblema de esta provincia, el mastín leonés, una raza que cada vez despierta más interés tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, y que se ha convertido en un símbolo del buen hacer de la ganadería de montaña y de su supervivencia frente al lobo. Félix García es el alma de Sociedad Canina Leonesa que organiza cada año uno de los eventos rurales más importantes, el Campeonato del Mastín Leonés, que este año ha cumplido su 31ª edición, y que se prepara para cerrar con la entrega de premios a los mejores ejemplares en la Diputación de León.

—Más de tres décadas. ¿Cómo fueron los comienzos?

—Todo empezó en 1988. Salvo en los años de la pandemia, todos los años se ha celebrado. Los comienzos fueron duros pero divertidos. Había mucha gente joven y con ganas. Por un lado, estaba Mario Alonso, y Tomás Familiar, que ya organizaban el concurso de Camposagrado. Ya hacíamos uno en Mansilla, y empezábamos con San Froilán, y lo que hicimos fue juntarnos todos y aunar esfuerzos. El más importante siempre fue en de los Barrios de Luna, que se organiza desde los años 70, y poco a poco fuimos cerrando concursos en otras localidades.

—¿Cómo ha evolucionado el concurso? ¿Hay implicación institucional?

—Lo más importante que hemos conseguido es la vinculación de los mastines con León. Cuando empezamos esto no era así. Casi había que pedir por favor que nos dejaran hacer un concurso, esa fue la parte dura. Ahora, tenemos que decir que no a muchos pueblos que nos lo piden. La Diputación siempre nos ha apoyado, pero desde hace unos años, todas las asociaciones, de León o no, somos iguales, y nos tratan como una más, sin tener en cuenta lo que hemos conseguido.

—¿Mastín leonés o español?

—En el año 2004-2005 tuvimos una oportunidad maravillosa para traer la sede de la Asociación Española del Perro Mastín Español (Aepme) desde Madrid a León aprovechando el cambio de transferencia de competencias de los libros genealógicos de razas autóctonas a las comunidades autónomas. La única sociedad que cumplía en esos momentos todos los requisitos era la Sociedad Canina Leonesa, por todo el trabajo que llevábamos realizado y por todo lo que exigía la Junta de Castilla y León. La sociedad leonesa se volcó, la prensa también, pero no se consiguió. La otra asociación, la del mastín español, se constituyó tratando de evitar toda referencia a León, la cuna del mastín. Fue una decisión política. Lo que más me dolió fue la falta de apoyo de los criadores.

—Entonces, ¿cuál es la denominación del mastín?

—La denominación no es leonesa. Todo comienza a mediados del siglo XIX, con la decadencia de la Mesta y de la ganadería extensiva, y con la desaparición del lobo en España, que fue prácticamente exterminado. Todos los mastines que estaban al cuidado de las ovejas empiezan a no hacer falta, más que en ciertas zonas del país. En ese momento, ya empiezan a no quedar mastines como los de antes salvo en zonas muy concretas de León y Zamora, donde habitaban los pocos lobos que quedan. Ese tipo de mastines empiezan a ser reclamados por los ganaderos de fuera de León. No es que aquí se presumiera de mastín leonés, es que el nombre se lo ponen fuera. En definitiva, que tenemos argumentos de sobra como para que la raza se llame así. De hecho la Universidad de Córdoba encargó un estudio en los años cuarenta porque tiene claro que lo que se conoce como mastín español en esos momentos no tiene que ver con el mastín de León. Es una raza tan representativa que todo el mundo la quiere como emblema. Si estuviéramos en otros países como Inglaterra, Francia o Portugal, habría muchos tipos de mastines. Aquí está el de los Pirineos, al que sí se le reconoce como raza diferenciada, y en León tenemos los ejemplares más espectaculares, los verdaderos herederos del legado de la Mesta, de los ganaderos trashumantes que criaban y seleccionaban. Pero había otros tipos de mastines, incluso en León, donde no todos los ganaderos se podían permitir tener un perro tan imponente.

—¿Qué características tiene que tener el mejor mastín?

—Lo que más se valora es la morfología y que no pierdan su conducta ganadera, algo que estuvo a punto de perderse con la decadencia de la ganadería, pero que ahora se ha recuperado. Todas las razas tienen un estandar o patrón racial, una descripción para que los jueces podamos valorarlos, y en el mastín este patrón está muy condicionado con su utilidad, que es la de proteger al ganado. Por eso el patrón del mastín es el de perro imponente, de gran tamaño, para enfrentarse al lobo, un buen temperamento, una actitud impasible fuera de su entorno, un buen pelaje, papada, tampoco excesiva, una dentadura completa. Lo más importante es que el animal tenga un equilibrio, y una tipicidad, que se vea claramente que es un mastín. A partir de ahí se analiza el aplomo, estática y en movimiento, los dientes, el color de los ojos, etc Hay que ser muy exigente para que nos se pierdan ciertos aspectos de la raza.

—¿Es una raza agresiva?

—Ese aspecto es muy difícil de valorar, de hecho no se debería hacer nunca. No se puede valorar el temperamento de un mastín que está cuidando el ganado, fuera de su entorno. Fuera de su rebaño un buen mastín se muestra indiferente. Incluso, pueden ser tan celosos de lo suyo, que si le sacas de su rebaño y lo metes en otro y el perro no considera que deba cuidarlo.

—El mastín tiene mucha admiración fuera de nuestras fronteras ¿a qué se debe?

—De entrada a su aspecto tan imponente, a su apariencia, y luego a la historia que acompaña a la raza, es el gran protector de los rebaños, de lo que fue la riqueza de este país durante siglos. Todo este le da un aura muy mística.

—¿Cuál es el perfil de las personas que tienen un mastín, son siempre ganaderos?

—En León mayormente sí, son además criadores que han cuidado y seleccionado la raza para otros criadores no ganaderos. Curiosamente, hay un triángulo entre Babia, Luna y La Tercia, que es donde se concentraron todos estos ganaderos que siguieron por orgullo de sus antepasados criando buenos mastines, y que son los que se han encargado de abastecer a los primeros criadores no ganaderos que aparecen en los años sesenta, el más importante fue Amadeo Alejandre, un hombre de muchísimo prestigio y al que debemos todos mucho, o Luis Esquiro, en Madrid, gran proveedor para las grandes fincas de Madrid. Ya en los ochenta aparecen criadores muy interesados en la raza por toda España, que siguen muy en contacto con los ganaderos, se autoabastecen y así se mejora la línea genética y mantiene la raza sana.

—¿Es el mastín la solución al lobo?

—Eso está reconocido desde siempre a nivel mundial, aunque algunos lleguen a esa conclusión ahora. León es la provincia con más lobos, lo hemos visto en el último censo, y curiosamente es la que menos incidentes tiene con el ganado, porque nunca hemos dejado de convivir con el lobo. Lo digo muchas veces, gracias a los mastines tenemos lobos, y gracias a los lobos tenemos mastines. Pero todo gracias a los ganaderos, que saben como hay que hacerlo, y saben criar perros para esto. Hay que formar a los ganaderos de fuera de León, y trabajar con ellos en el territorio, es nuestra gran propuesta.

—¿Es la despoblación una amenaza para el mastín?

—Ahora no, pero no hace muchos años, en los ochenta, me llegué a preocupar porque se perdía la ganadería tradicional, de la que depende el mastín. Pero ahora hay más mastines que nunca que se crían en el territorio.

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