Luis María Fernández, presidente de los ganaderos de Caboalles de Abajo: "El oso ya mata por matar"
Alarma en Laciana: olas de ataques de osos desatan incertidumbre en la ganadería local

Un oso entra a comer basura en Villablino.
La preocupación por los ataques de osos al ganado ha escalado a niveles sin precedentes en la comarca de Laciana, tanto que los ganaderos quieren hacer visible el reciente fallecimiento de un joven ganadero de Laciana como un ejemplo de la tensión con la que empiezan a vivir quienes tienen granjas y conviven personalmente con las zonas oseras. En los últimos meses, la sensación de vulnerabilidad se ha instalado en las explotaciones rurales, tras experimentar una oleada de episodios violentos. Ganaderos locales denuncian que los osos están manifestando un comportamiento inusualmente agresivo, irrumpiendo en granjas e incluso adentrándose en núcleos urbanos, con consecuencias devastadoras para la actividad ganadera y el ánimo de la población.
El presidente de los ganaderos de Caboalles de Abajo, Luis María Fernández, ha remarcado de forma contundente: "Los osos ya matan por matar". Sus palabras revelan el desconcierto y la impotencia que sienten los profesionales del campo. No se trata únicamente de pérdidas económicas, sino del sentimiento de indefensión ante una situación que parece ir a más sin respuesta clara por parte de las autoridades.
En su relato, Fernández sostiene. "No entran a cazar por necesidad, sino que arrasan; se pierde el sentido natural del depredador".
El aumento de los ataques y el miedo en la población ganadera
El año 2025 está siendo especialmente complicado para los ganaderos del valle de Laciana. Los testimonios recogidos por la asociación local señalan que en solo los dos primeros meses del año, al menos tres fincas han sufrido asaltos reiterados por parte de plantígrados. "En la última ocasión, el oso recorrió varias cuadras en una sola noche, accediendo a tres recintos distintos y dejando animales muertos en todos ellos", denuncia Fernández, subrayando que este patrón agresivo se está extendiendo a nuevos ejemplares.
El miedo ha calado en las rutinas de los ganaderos y vecinos, quienes aseguran que hasta los más veteranos del lugar, que convivieron durante décadas con la fauna del entorno, aseguran no haber presenciado algo semejante. "Ahora sí que cada vez más gente prefiere no subir al monte. Hay lugares que nadie quiere pisar cuando cae la tarde, porque saben que el oso está patrullando la zona", revela un ganadero afectado. Esta nueva percepción de inseguridad está transformando una comarca tradicionalmente ligada al pastoreo.
El presidente de los ganaderos de Caboalles apunta a un problema de fondo: la población de osos está en auge y ya no presenta ningún temor ante la presencia humana.
Según algunos ganaderos, los ataques ya no responden a la búsqueda de alimento. "Vemos ovejas muertas, vacas heridas con zarpazos, y ni siquiera llegan a ser consumidas. Matan y a veces ni siquiera comen lo que han cazado", lamenta el colectivo profesional del sector primario. Los estudios científicos de campo, según apuntan fuentes de la asociación, avalan este aumento de población osera en el noroeste de España, pero existe desconcierto respecto a su comportamiento anómalo, que atribuyen tanto a la falta de controles como a cambios ecológicos en el hábitat.