El trágico fin del intelectual
Plenamente integrado en la vida social de la provincia leonesa, don Esteban ejerció como profesor en el Colegio Universitario de Filosofía y Letras de la capital, embrión de la que es ahora emergente Universidad. También colaboró en la revista Aquiana y en nuestro Diario de León, destacando siempre por sus enormes valores humanos y literarios. Así, consolidado como uno de los mejores referentes intelectuales que ha dado Astorga en los últimos tiempos, la tragedia se cruzó en la vida de Esteban Carro Celada el día 31 de agosto de 1974. A las doce de la mañana de aquella fecha y en el kilómetro 28,600 de la carretera de Astorga a León, el coche que conducía don José Antonio Carro Celada, hermano de nuestro protagonista y también sacerdote, se orilló hasta salir de la calzada y chocar violentamente contra un árbol, justo a la salida de Hospital de Órbigo. Además de José Antonio y Esteban Carro Celada, viajaban en el vehículo su hermana Sagrario y una hija de ésta última, llamada Purificación Rubio Carro. La niña, que apenas contaba 14 años de edad, y su tío Esteban fallecieron en el acto, siendo trasladados sus cuerpos al depósito del cementerio de Astorga. Esteban Carro Celada tenía en el momento de su muerte 45 años y estaba preparando una obra monumental sobre Leopoldo Panero que iba a ser su tesis doctoral en Filosofía. El funeral tuvo lugar el día 1 de septiembre, en la parroquia de santa Marta, y a él acudieron millares de personas desde todos los puntos de la geografía leonesa. Bajo una fina cortina de lluvia dieron el último adiós a Esteban Carro, un hombre que en bellas palabras de Victoriano Crémer «era, fundamentalmente, un ser humano con los pies bien sujetos a la tierra y las raíces del corazón ahincadas en el prójimo».