CRÓNICAS PÉSICAS Pedro V. Álvarez Collar
¡Aupa Atleti!
Dice Sabina en la primera estrofa del borrador de su Motivos de un sentimiento, himno del Centenario del Atleti: «Aquí me pongo a cantar / motivos de un sentimiento / que no se puede explicar». No obstante me van a permitir que intente dar una explicación racional del por qué, del cómo, del cuando... Corrían aquellos oscuros años cincuenta, época donde el potente (y como siempre prepotente) Real Madrid era el embajador del régimen en el extranjero, y el Atleti (y otros) eran el equipo de los reacios a guardar cualquier tipo de régimen,aunque este fuera alimenticio. Podría decir que nací predestinado ya que el año de mi nacimiento el Atleti de Helenio Herrera ganaba la liga, pero no quiero creer en meigas aunque como suelen decir haberlas haylas.. Posiblemente sería porque en nuestra casa, como en otras muchas, estaban suscritos al Diario Pueblo y dentro de sus páginas de deportes había una clara simpatía por el Atleti. Allí escribían desde el legendario Escartín al maestro Miguel Ors, y sus discípulos, hoy todos conocidos, Gozalo, José María García, sin olvidar a Raúl Cancio, fotografo de lo imposible... Solamente sé que apenas aprendí a leer, las páginas del Pueblo eran para mi algo habitual y eso unido a que en el Atleti corría la banda izquierda el mejor extremo del mundo, Enrique Collar, al que, dada la coincidencia de apellido, adopte como ídolo, todo unido, hizo de mí un eterno sufridor. Todos estos últimos años estaba bastante alejado del futbol, pero el par de años en el infierno ha encendido en mí de nuevo la llama y vuelvo a sufrir la agonía de ser atlético. Y eso a pesar de Gil y tal y tal, todo hay que decirlo en honor a la verdad. Es increíble que ni un personaje como Jesús Gil y Gil nos haga renegar de ser atléticos hasta la médula... Viene a mis recuerdos aquellos años de bachiller en La Academia, allá cuando comenzábamos a estudiar los latines. Llegó, creo que estaríamos en tercer curso, un profesor, omañés de pro e insumergible, don Graciliano Ordás, y utilizando su método futbolero intentó meternos el rosa-rosae en nuestras duras cabezas. Así, competíamos los de un equipo contra los de otro y como digo aprendíamos verbos y declinaciones. Creo recordar que en las filas del Atleti solamente militábamos Daniel Castrillón, Félix el hijo del Secretario Municipal y yo. La lista del Real Madrid se me haría interminable. Algunos años más tarde, en mi primera visita a Madrid, mi padrino me regaló nda menos que la equipación completa del Atleti, comprada en deportes Peñalver, con su escudo y todo. Realmente estamos hechos de pequeños retazos, unos felices, otros tristes, pero todos juntos nos van haciendo tal y como llegamos a ser. Por eso ser del Atleti, como podemos leer en estos días que mil y un famosos salen del armario futbolero, es algo que está por encima de cualquier razonamiento posible. El Atleti es un equipo que a lo largo de estos cien años de vida ha ganado alguna liga, alguna copa, algún otro trofeo importante, pero no es ese equipo ganador al cual todos quieren pertenecer. Por eso ser seguidor de un equipo como el Atleti, posiblemente, sea motivo de estudio por parte de sesudos científicos. Sea como sea, cumplimos cien años de historia. Y para aquellos que vibran cuando, de tarde en tarde, el Atleti gana una liga, o un doblete, o cuando sale del infierno de la Segunda. Para Cuervo, para Luis Marqués, para todos aquellos de corazón rojiblanco va hoy esta centenaria. ¡Aupa Atleti!