Diario de León

La plaza del Aljibe está dedicada a un episodio clave de la historia local

El suministro de agua a la ciudad

El rincón más emblemático de la plaza del Aljibe es el parque

El rincón más emblemático de la plaza del Aljibe es el parque

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León

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Toda la ciudad de Astorga está salpicada de lugares con enorme regusto histórico. Una enciclopedia antológica que toma al asalto los ojos del visitante, enriquecida en ciertos casos gracias a una pátina de modernidad y verdor. Es el caso de esta plaza del Aljibe, brillantemente remozada en tiempos recientes, erigida sobre el espacio donde se asentara, muchos siglos atrás, el aljibe que abastecía de agua a los antiguos astorganos. Una referencia del pasado que ha encontrado hueco propio en el callejero local. No es demasiado extensa en cuanto a su espacio, pero se trata de una encrucijada estratégicamente situada que sirve a modo de transición o nexo de unión entre dos grandes y representativas avenidas: la de Ponferrada y la de las Murallas. Al enclave, colindante con el Archivo Diocesano, desembocan otras dos vías nominadas en recuerdo a munícipes como los alcaldes Pineda y Carro Verdejo. Completando su actual y vistosa imagen, encontramos un jardín muy frecuentado que se incluye en los 75.000 metros cuadrados de zonas verdes con que cuenta ahora mismo nuestra ciudad. Existe un consenso unánime, tanto científico como sentimental, sobre la importancia decisiva que tuvo para el agreste y casi salvaje solar leonés la llegada y asentamiento de las antiguas legiones imperiales romanas. Sin ir más lejos, ahí tenemos la capital de la provincia, fundada por una de aquellas cohortes que trajeron, a sangre y fuego, su avanzada cultura y una civilización cuyos espléndidos vestigios siguen saliendo constantemente a la luz. Astorga nació como ciudad gracias a los romanos de la antigüedad, quienes se ocuparon de dotar a aquella joya urbana que fueron modelando en un proceso de siglos, con todos los adelantos y comodidades conocidas en la época. Así, con este afán, proporcionaron al primitivo campamento militar un tejido de construcciones que incluía distinguidas viviendas decoradas con bellos mosaicos, termas de distintas categorías y un complejo sistema de cloacas. Los ciudadanos precisaban, naturalmente, abastecerse de agua, ese bien líquido tan valorado por los romanos del pasado. Con este propósito, los gobernadores imperiales decidieron la construcción de un gran depósito o aljibe que sería utilizado hasta llegada la Edad Media.

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