Durante la primavera pueden provocar graves reacciones en las personas y en los animales
Irritaciones por orugas de procesionaria
Constituyen un peligro para nuestros perros en sus paseos por el campo
Las procesionarias son unas mariposas cuyas orugas se alimentan en los pinos o en las encinas. Estas orugas nacen en la primavera y se desplazan para alimentarse de una curiosa manera, siguiendo a la que tiene delante formando una fila india, como si fueran en procesión (de ahí su nombre popular). Esta característica hace fácil identificarlas, aparte de su aspecto típico de oruga oscura recubierta de numerosos pelos. Son estos pelos precisamente los que las convierten en un peligro tanto para nuestros animales de compañía como para niños o personas que las manipulen inadvertidamente. Nuestros perros, y especialmente los cachorros, se ven afectados al llevárselas a la boca movidos por la curiosidad. En contacto con la piel o mucosas liberan compuestos alergenos y proteínas liberadoras de histamina (taumetopoeína), que producen una fortísima reacción inflamatoria. Basta la simple inhalación de pelos llevados por el aire (se desprenden muy fácilmente) para que se produzca una gran irritación de la nariz o los ojos, pero lo más corriente es que el perro coja una oruga con la boca e inmediatamente se empiecen a inflamar las partes que han estado en contacto con los pelos. La reacción es tan intensa que en poco tiempo la lengua estará hinchada hasta casi no permitirle cerrar la boca, llegando a necrosarse y desprenderse en unos días si no se trata al animal urgentemente. Intoxicación en zonas de pinos Estas intoxicaciones se producen en zonas de pinos o encinas en primavera, de marzo a junio según las latitudes. Si acostumbramos a pasear nuestros perros por pinares en esas fechas, debemos estar atentos para que no se pongan a jugar con las orugas. En caso de que repentinamente el animal se ponga a babear de forma exagerada y a rascarse la boca o frotarse la cara con las patas o contra el suelo, presa de gran inquietud, debemos pensar en una reacción alérgica, que en tiempo de procesionarias puede ser especialmente grave. Si vemos las orugas o ante la sospecha de que pueda haber estado jugando con una, debemos intentar lavar la boca y cara del animal con un abundante chorro de agua para eliminar la mayor cantidad de pelos cuanto antes, evitando que siga aumentando la irritación. Esto lo haremos con sumo cuidado de no entrar nosotros mismos en contacto con los pelos de oruga, pues también nos irritarían la piel o los ojos si nos frotamos con las manos contaminadas. Debemos después buscar cuanto antes atención veterinaria, para que se le apliquen antihistamínicos al animal y, en caso necesario, inyecciones en la propia lengua de heparinato de calcio para evitar la formación de infartos: un retraso de unas horas puede hacer que el animal se quede sin lengua. Más información: http://users.servicios.retecal.es/rotto 1