| Las calles | Pío Gullón (y II) |
Memoria de un hombre de Estado
En la entrega anterior repasamos la fisonomía urbana de la calle Pío Gullón, la anterior y señorial Rúa Nueva, cuyo trayecto discurre entre la Plaza Mayor y la calle Postas. Fue la primera vía astorgana en la que, allá por el 3 de enero de 1842, se colocaron aceras, casi obligatorio remate para el ramillete de casonas nobiliarias y palacetes que orlaban su recorrido. Aún pervive, a modo de joya rescatada del pasado, la mansión que perteneciera a la distinguida familia Villamil, reconocible gracias a los dos soberbios escudos que adornan su portada. En el número 1 de la entonces llamada Rúa Nueva nació, en 1859, el conocido político don Manuel García Prieto, varias veces ministro con los gobiernos monárquicos de comienzos del siglo XX. Pero nuestro gran protagonista, tal como nos indica el rótulo callejero, es otro antiguo vecino de la arteria: don Pío Gullón Iglesias, nacido en la capital maragata en 1835. Abogado de profesión y político de vocación, don Pío también mostró durante su juventud ciertas veleidades periodísticas, llegando a fundar La Revista Española . Diputado por Astorga Pero lo suyo era la política con mayúsculas, así que sumado al partido liberal de Práxedes Mateo Sagasta desempeñaría la Secretaría del Gobierno Civil de Madrid, además de otros cargos en la Secretaría del ministerio de la Gobernación. Elegido diputado por Astorga, su ascensión en el escalafón de notable le llevaría a ejercer la Subsecretaría del Estado en 1872 y 1874, volviendo a ser diputado por la capital maragata entre 1881 y 1887. Aún llegaría más alto, ocupando los cargos de consejero de Estado y vicepresidente del Congreso hasta 1883, cuando fue nombrado ministro de Gobernación. Posteriormente, como recompensa a su brillante trayectoria en la vida pública española, sería nombrado senador vitalicio. En 1905 ingresaba como miembro de pleno derecho en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, pronunciando un discurso titulado La crisis contemporánea del sistema parlamentario. Alocución, por cierto, que fue respondida por don Gumersindo de Azcárate. Habitual en las recepciones de palacio, el nombre de Astorga resonaría en el ámbito nacional gracias a don Pío Gullón y con motivo del Centenario de los Sitios. Efectivamente, en el mes de enero de 1911 y acompañando al obispo de la diócesis, don Pío Gullón hizo entrega a Alfonso XIII de la Medalla de oro de los Sitios de Astorga, encerrada en un magnífico estuche. Diócesis eclesiástica Aunque no sea una anécdota demasiado conocida en su brillante trayectoria política, la intervención de don Pío resultaría decisiva para que Astorga conservara, a finales del siglo XIX, la categoría de diócesis eclesiástica. Y es que se presentó en las Cortes un proyecto para que se suprimieran los obispados que no estuviesen instalados en las capitales de provincias. Cuando ya estaba dispuesta la votación que iba a suprimir la histórica diócesis de Astorga, don Pío Gullón se dirigió en última instancia al presidente Sagasta, haciéndole ver la afrenta que supondría semejante ley para su patria chica. Entonces el presidente miró con fijeza a su ministro favorito, dio un fuerte puñetazo sobre su escritorio y, tocando el timbre de la mesa presidencial, ordenó al secretario que trajese de inmediato el polémico protocolo. Sin dar explicaciones a nadie, lo archivó en su pupitre y de semejante plan nunca más se supo. Gracias a su mediación, igualmente, se lograron las subvenciones públicas para la obra del Palacio Episcopal que comenzara el genial Antonio Gaudí. Mármol blanco Por todo ello, no resulta extraño que en el Salón de Sesiones del Ayuntamiento se colocara una lápida dedicada a don Pío Gullón en la que figura su busto. Las figuras y el decorado de la losa se deben al artista Santiago de Toledo, quien realizó su trabajo sobre mármol blanco y añadiendo en letras de relieve una inscripción donde se enumeran los muchos cargos ostentados por don Pío Gullón Iglesias, firmando semejante homenaje en piedra con fecha 23 de marzo de 1894. En la lápida podemos leer un emotivo repaso a la carrera pública de este «exdiputado a cortes, exministro de la gobernación, Senador vitalicio y gobernador del Banco de España». Un más que merecido gesto de la ciudad para este gran benefactor y entusiasta de su localidad natal. Y es que, como muy bien dice la sabia y acertada sentencia, de bien nacidos es ser agradecidos, como lo fue la ciudad para este prohombre.