Autorra de 'Cien años de la Sociedad de Minoristas de pescado'
«Los antiguos arrieros fueron legendarios»
Escritora y profesora, su último libro repasa el centenario de los pescaderos de Madrid, entre ellos su padre y su tío
Autora habitual de novelas y libros de poesía, hace meses publicó una obra sobre el centenario de la Asociación de Empresarios Detallistas de Pescados y Productos Congelados de la Comunidad de Madrid (Adepesca). -¿Cómo surgió la idea de escribir este libro? -Adepesca me ofreció hacerlo con motivo de su centenario, que se cumple este año, y me pareció obligado aceptar. Sólo pedí que no fuera un libro institucional más. -La obra destaca la vinculación de los arrieros con la comercialización del pescado -Sí, desde que se repuebla Maragatería tras la Reconquista los reyes permiten que el comercio en la zona sea más fácil, y eso abre las transacciones con otros puntos de la península. Los pobladores comenzaron a transportar pescado desde el litoral al interior, en concreto a Madrid, y se convirtieron en legendarios: no hacía falta firmar el negocio, darse la mano era suficiente. Establecieron un sistema de eficacia, basado en la creación de lugares donde reponían el hielo para conservar sus productos y en el cambio de carros, que hizo que realizaran su trabajo con mayor efectividad. -¿Qué es lo más curioso que ha descubierto trabajando en el libro? -Llama la atención que, a pesar de que todo ha cambiado, la gente sigue teniendo sus reglas. Los pescaderos de Madrid son maragatos en un noventa por ciento, y son considerados los mejores cortadores y presentadores del género incluso de Europa. Mantienen la profesionalidad, la honradez y la sensación de pertenecer a un gremio. -La obra ¿fue fruto de una investigación compleja? -Sí, analicé cómo se fue creando Madrid a la luz del comercio de pescado, investigué los documentos que repasaban los cien años de Adepesca y pulsé la memoria viva de la entidad, hablando con los pescaderos. -¿Su familia paterna aparece en el libro? -Sí, porque se dedican a este oficio. Hay una dedicatoria a mi padre y a mi tío, ambos fallecidos, porque fueron el modelo típico de niño maragato.