Peregrinos de servicio
Los encargados del albergue del Burgo Ranero denuncian el mercantilismo que rodea al Camino de Santiago, pero reconocen que es una fuente de ingresos para los pueblos

Uno de los encargados del albergue del Burgo de Ranero en una actividad con los niños
Nekane y José Mari son los hospitaleros voluntarios que a lo largo del mes de junio han prestado sus servicios de forma desinteresada a cuantos peregrinos han pasado por el albergue Domenico Liffi del Burgo Ranero. Ambos son miembros de la Asociación Amigos del Camino de Santiago de Guipúzcoa a la que pertenecen cerca de 600 personas. Esta es su segunda estancia en dicho albergue, aunque podrían haber sido destinados a cualquier otro de los albergues que ocupan este trazado cultural europeo por excelencia , pero el destino ha querido que repitieran los servicios en esta localidad. El motivo por el que se han lanzado a pasar este tiempo en este servicio, es recibir cariño y calor humano de los peregrinos, que a menudo se lo dan a pesar del cansancio y la dureza del camino. Una muestra de este tratamiento familiar a los que pasan por este lugar es Nekane que se suele acercar a los peregrinos y les despide con un beso y un deseo de buenas noches. Ella entiende que con estos gestos «es entonces cuando de verdad comprendes lo que es capaz de darte el peregrinar a Compostela». Aunque pernoctan fuera del albergue, su trabajo diario empieza sobre las siete de la mañana, por si algún peregrino necesitará algo en el momento de partir, una vez despedidos, se disponen a renovar y limpiar las instalaciones, ya que pronto empezarán a llegar otros peregrinos. En el albergue no se prestan más servicios que los propios de la peregrinación, aseos, primeros auxilios y un lugar para el descanso y la meditación, incluso efectúan las primeras curas en los pies de los peregrinos maltratados por el paso de tantos kilómetros, y las inclemencias del tiempo. Los hospitaleros manifestaron que en estos momentos de tanta publicidad sobre el camino, muchos peregrinos se piensan que los servicios que se prestan en los albergues son gratuitos y no se dan cuenta que algunos deben mantenerse mediante las aportaciones voluntarias de quienes lo utilizan. Por otro lado, denunciaron el sentido mercantilista del camino, por las expectativas económicas que genera por las localidades que discurre, este mercantilismo hace que se pierda el sentido de la peregrinación En cuanto a la presencia de peregrinos consideran que se ha registrado un descenso en comparación con el año 2001 en que estuvieron al frente de este albergue. Este retroceso se debería de tener en cuenta a la hora de evaluar algunos aspectos de la peregrinación, como sus servicios, y los logros alcanzados. A pesar de estos aspectos negativos de la peregrinación a Santiago, ellos declararon que la grandeza, e importancia del Camino, y recuerdan que si este trayecto no existiera, multitud de pueblos por los que transcurre, habrían desaparecido hace tiempo. Por el albergue reciben ahora que se acabo el curso escolar, la visita de numerosos niños del Burgo Ranero a los que enseñan a trabajar la madera y a tener sus primeras curiosidades e, inquietudes por la ruta jacobea. Una de las tareas que los más pequeños realizan son unos letreros de madera destinados a los albergues del camino. En los próximos días regresarán a casa con su familia en la idea de haber cuando menos intentado ser útil a los demás, ahora les toca reponer, aunque esperan que a finales de año puedan atender a otro peregrinos en otro punto de su largo discurrir. Esta pareja se va de esta localidad con la ilusión de haber dado al peregrino aquello que a ellos les gustaría haber encontrado cuando hicieron el Camino, aunque sin duda resulta más gratificante culmninarlo con la llegada a Santiago. En sus estancias en el Burgo de Ranero, a lo largo del tiempo, recordarán numerosas anécdotas de muchos peregrinos llegados de diferentes puntos del mundo y a algunos los recordarán como unos amigos para siempre, con los que incluso se cartean todo el año.