Un día de bullicio y compras
Boñar se ha convertido en un lugar de encuentro cada 12 de octubre para dedicar el día a la compra entre el bullicio, en lo que hace años era una jornada de venta y aprovisionamiento

Las calles de Boñar se vieron tomadas por cientos de personas en el día de su feria más importante
Las calles de Boñar se llenan de un gentío continuo el día del Pilar con la celebración de su feria más importante. El eje central se sitúa siempre en las calles que rodean la plaza del Negrillón, que aparecen en sus aceras con un sinfín de puestos donde se puede comprar de casi todo. Las calles que llegan y finalizan en la plaza sirven también para acoger a las decenas de puestos de venta ambulante que tienen como lugar de encuentro la Feria del Pilar de Boñar. Entre la gran variedad que se da en esta feria destacan los productos alimenticios y por encima de todos las castañas, las nueces y las avellanas. Unos productos que nos anuncian ya la proximidad del frío. Además, en los puestos de ropa no falta los calcetines de lana gruesa muy apropiados para estar preparados ante la posible llegada de un invierno frío y de heladas. Quizás hoy día se vea esta feria como una simple oportunidad para conseguir alguna prenda interesante a un precio más rebajado o algunos productos u objetos de buen precio. A esto hay que unir que se ha convertido en un día de encuentro para comer con los amigos o familiares si uno es capaz de conseguir sitio en algún restaurante o bar de Boñar. Pero esta Feria del Pilar de Boñar fue en su día el lugar donde la gente de toda la comarca y toda la Montaña Oriental leonesa se daba cita para vender los productos que cosechaba en sus huertas y a la vez conseguir otros necesarios con vistas a la llegada del invierno. Alguno aún recuerda esa feria y nos indica que ésta de ahora y otras que se producía en esta montaña eran los días señalados para salir a comprar «ya que el resto del año no hacíamos otra cosa que trabajar. El campo era muy duro y la mayor parte de las familias éramos numerosas. Así que estas ferias era una forma de salir de la rutina. Nosotros solíamos comprar alguna herramienta para el campo y las mujeres se encargaban de la ropa y productos como alubias, garbanzos, fréjoles», recuerda un vecino de la zona. La feria era una parte de la vida de la gente de la comarca y su celebración permitía un día de descanso en las labores del campo para hacer algo de aprovisionamiento.