Un pueblo tenaz
Los vecinos de San Justo de la Vega consiguen desfilar con su patrón y la Virgen del Rosario, después de que la lluvia obligara a suspender el acto tanto el día grande de las fiestas del pueblo como el domingo

La procesión de santo Toribio regresa a San Justo de la Vega
Si hay algo que no falta en los vecinos de San Justo de la Vega es tenacidad: el sábado no pudieron procesionar a santo Toribio por el fuerte aguacero que azotaba el pueblo, por lo que aplazaron el desfile para el domingo, día en que, otra vez la lluvia, impidió honrar al patrón y a la Virgen del Rosario -las dos tallas que se llevan hasta un crucero en el camino de Santiago-. Y, por fin, ayer, en un momento en que escampó, agarraron el pendón y la pendoneta, cogieron a las imágenes en andas y salieron de la iglesia, aunque con rapidez, no fuera que las nubes volvieran a descargar. La decisión de desfilar, del pedáneo del pueblo y del juez de paz, pilló desprevenido al alcalde, que hubo de cambiar la funda y la herramienta por el traje y el bastón de mando a toda velocidad, ya que el día no había amanecido muy alegre. Las peticiones Santo Toribio -patrón de capa y botas, al menos este año- dejó ayer el templo, para, con la Virgen de Rosario y los vecinos del pueblo, llegarse al alto del Crucero, con los pendones de la localidad abriendo camino y las autoridades locales cerrando la procesión. Durante el ascenso, algunos peregrinos recogieron una piedra para depositarla en los brazos o a los pies de la cruz hasta la que llega el desfile antes de dar media vuelta, como testigo de lo que esperan alcanzar por mediación de este obispo de Astorga, elevado a los altares tras su muerte, que ordenó levantar en el lugar la cruz de piedra. Durante el recorrido, los fieles invocaron a san Bartolomé del Cueto, la Virgen del Camino, la de Castrotierra y la de la Majestad -esta última en la catedral de Astorga-. A su regreso, las campanas del pueblo acogieron al cortejo con toques a gloria, en el último día de fiestas patronales de San Justo de la Vega. Tras la procesión se celebró una misa. La procesión sirvió para que algunos se iniciaran como pendonistas, con algún que otro susto para los responsables de la vara y el paño, a consecuencia de la falta de experiencia.