Diario de León
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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO HERMANO: Allá vamos; camino del otoño sin que las lluvias hayan llegado para beneficiar los campos que, dicen, están sedientos. Los chopos, incluso los de los arribes, han iniciado un desnudo, a lo Full Monty, que nos habla de lo sabia que es la naturaleza; están desprendiéndose de sus hojas, anticipadamente, como defensa ante la persistente sequía, que otros tiempos se decía pertinaz. La Moldera, ese milenario cauce que tantas sedes apagó, está dando boqueadas; menos mal que los cangrejos hace muchos años que desaparecieron, y las truchas ya no pican; un hilillo, ni siquiera caudal ecológico, serpentea entre cañas y juncos; los molinos llevan muchos años sin mover las muelas, excepto el de Antonio, el último molinero, que ahora no maquila por la sequía. Y así nos tienes, querido. A la espera de un cielo preñado que sólo nos ha traído meadas de pardal; midiendo los escasos litros de Villameca; echando pestes contra la confederación, o la Junta, ambas a la vez, que mantienen Villagatón sin bajar las compuertas hace más de diez años. Y los labradores -me gusta más esta palabra que agricultores-a la espera del recuento de pérdidas por el último riego que no pudo ser; así que miran al cielo, muchos a Castrotierraa donde, en breve, subirán como cada año afianzados en su fe. A pesar de la sequía. Ante este panorama y los fuegos, que parece han remitido, me pregunto hermano. ¿Qué coños va a hacer Felipe este otoño? ¿Cómo voy a degustar sus regalos de amanitas -cesáreas por supuesto- rúsulas, setas de cardo o de caballero? Porque no llueve; y si lloviera lo preciso para que brotaran, ahí hemos topado con la Junta, quietín y no te menees; no lo dejarán buscar. En Valladolid, creo, han tenido una pasada que puede ser parida; bueno, ya sabes, o llegan o se pasan cuatro pueblos. Ya sabes que buena parte de Maragtería, la Cabrera, Valduerna y Valdería, donde nacen las mejores setas, se ha vedado. Se ha vedado hasta para el paseo. Lo que quiere decir que te ven por cualquier camino de esas zonas y te la has cargado; presunto incendiario; y si llevas un paquete de tabaco y mechero date preso, eres convicto, nada de presunto. No sé cómo se las van a ingeniar los Amigos de La Cabrera que para el día 17 tienen prevista la concentración anual en la comarca, y visitar zonas ahora prohibidas es uno de sus objetivos, según programa. Les propongo que lo hagan al lago de La Baña y de paso interpongan una denuncia en toda regla contra la Junta de Castilla y León; motivo lo hay sin paliativos; aquel paraje, a pesar de estar protegido por no sé cuantas leyes, lo tiene absolutamente abandonado; donde antes eran hermosos praderíos apenas se puede pasar por las retamas, escobas y piornos que todo lo invaden; sospecho que el cartelón, pasta gansa malbaratada, sigue allí arrumbado, anunciando un espacio que no hace tantos años lo conocimos como algo idílico; el viaje que hizo la consejería de Medio Ambiente, o la que fuera, se pudo haber hecho sin alforjas. Entre tanto, hermano, los de Gersul andan enredando con lo de las balas de Santa María del Páramo, de Trobajo y más. Dan más vueltas y revueltas que la ardilla de Samaniego. Ellos por un lado y los ecologistas por otro; éstos que a veces -pocas y ellos saben por qué lo digo- se convierten en moscas cojoneras, andan en esta ocasión vigilantes con el destino de las dichosas balas, que no disparan pero pueden matar; al menos así lo confiesan ellos, que de eso saben un montón. Expertos como son en la materia, podían ofrecer la solución mientras anatemizan las posibles que puede no sean las más correctas. Los estoy viendo llegar: Incineración, no; enterramiento en mina a cielo abierto, abandonada, no. ¿Entonces? Pues mira, como los tontos del interfluvio Órbigo-Tuerto ya tragaron, que más da, que se jodan otro poco, aunque le quitemos un tercio de vida al CTR.

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