| Entrevista | Antonio Nistal Vidal |
«Tenía encima una losa muy grande»
Antonio Nistal defiende su inocencia, avalada por un tribunal, y repasa el calvario que atravesaron él y su familia desde que se destapó el fraude de las inversiones en oro

Antonio Nistal Vidal, ayer en Valladolid, comenta la sentencia absolutoria del Tribunal Supremo
El Tribunal Supremo acaba de absolverlo de un delito de estafa en relación con las falsas inversiones en oro que afectaron, entre otros ahorradores de toda España, a la junta vecinal de Quintanilla de Somoza. El fallo revoca una condena de cinco años de cárcel impuesta por la Audiencia Nacional. -¿Cómo conoció a Jacinto González, cerebro de la trama? -En una convención. Yo tenía la delegación de fondos de inversión del tesoro público en Valladolid. Él tenía contacto con la Sociedad Española de Metales Preciosos y una empresa, Cosemp, dedicada a vender oro. Dejó en la oficina que mi socio, Pelayo Vélez Narganes, y yo, teníamos en Valladolid, la asesoría Ayser, su publicidad. -¿Cuál era su cometido en la red de inversiones? -Teníamos las solicitudes para los interesados en comprar oro, tanto en lingote como en depósito, y les dábamos el número de cuenta de Cosemp en el que tenían que hacer el ingreso. Nosotros no tocábamos el dinero. Mandábamos toda la documentación a la empresa en San Sebastián. Aquí acababa nuestra relación, salvo que el cliente quisiera vender o transformar su inversión. No nos dedicábamos a captar compradores. -¿Tuvo algo que ver en la operación de Quintanilla de Somoza? -El entonces secretario de la junta vecinal, Justo Botas, y yo montamos una asesoría fiscal en Astorga. La pedanía tenía millones en distintos bancos, pero muy mal invertidos. Fui al pueblo y le ofrecí al presidente invertir en bonos y obligaciones del Estado. Compraron fondos del tesoro, unos ochenta millones. La junta vecinal era mi mejor cliente. Después de un año y pico me dijeron que querían retirar el dinero, porque habían bajado los intereses. Le envié a Botas unos folletos de Cosemp. Esa fue toda mi intervención. Llamaron a Jacinto González y quitaron todo el dinero de los fondos que, por cierto, era un producto muy rentable para mí. -¿Percibió usted alguna comisión por este trabajo? -Sí, por el primer depósito, porque lo hicieron a través de nuestra asesoría en Astorga. El secretario llevó el resto de las operaciones. -¿Conocía la actividad fraudulenta de Jacinto González? -No. ¡Si hasta mi hermano perdió cuatro millones de pesetas! Además, al principio la gente recibía el lingote. No llegué a sospechar. -¿No le extrañaron los altos tipos de interés, de hasta el 14%? -No eran tan elevados para el año 1993. Yo tenía fondos de inversión con una rentabilidad de hasta el 35% para el cliente. Y yo cobraba en torno al tres por ciento de comisión. Comparativamente, el tesoro público me daba más beneficios que Cosemp. -¿Cómo se enteró del fraude? -En 1994 me dio un infarto. Estuve muy grave, y permanecí un año y pico de baja total. Cuando volví al despacho ví cosas que me extrañaron. Había algunos atrasos en los pagos de las inversiones y, bajo mi punto de vista, aquello no iba bien. Yo quería trabajar con todas las condiciones de seguridad, y exigí a Jacinto González que cualquier depósito que se hiciera fuera avalado por un banco. No llegamos a un acuerdo, rompimos la relación y mi socio se fue con él. Abrieron un despacho en Valladolid, a finales de 1994 o principios de 1995, y yo seguí con mi asesoría contable. Me enteré de todo cuando González llevaba dos días en la cárcel, tras la denuncia de la nueva junta vecinal de Quintanilla, y yo no había tenido relación con ellos desde siete u ocho meses antes. Del problema del pueblo me enteré en los juicios. -¿Temió verse implicado? -No, yo seguí con mi despacho abierto seis o siete meses y por allí no fue nadie a reclamarme ni una sola peseta. Iban por las oficinas de Cosemp. Todos me conocían y sabían que no tenía nada que ver. Después me enteré de que me habían llamado del juzgado de Astorga a declarar como imputado. Hasta entonces nunca pensé que me pudiera salpicar. Por no saber, no supe ni el tipo de interés que contrató la junta vecinal. -¿Qué cree que ha hecho González con el dinero? -No me lo explico. No pueden haber sido mil millones de pesetas. Pero aunque hayan sido seiscientos, este señor vivía muy bien, se alojaba en los mejores hoteles, traía un Mercedes enorme blanco con chófer, y tenía muchos gastos. Incluso a mí me debe como un millón de pesetas, de dinero que puse para pagar a proveedores. No sé si lo percibiría mi socio. -¿Qué sintió ante la condena a prisión? -Imagínese. Todos los periódicos de la región estaban en mi empresa, en la que llevo 30 años, con una responsabilidad importante. Hubo gente que se portó bien, pero otros me volvieron la cara. Tengo familia en la Cepeda y el Órbigo, y visitaba Astorga, como para mantener la fortaleza. Tienes encima una losa muy grande. De hecho, me dio otro infarto. Pero tengo la suerte de estar en una compañía profesional con una dirección que también lo es, y me apoyaron.