Ósculos de palabras
A MÍ que muerdo las palabras con cariño porque todavía no sé besarlas con pasión. Con mordiscos de cariño, como cuando muerdes el pestorejo de tu hijo o esos mofletes carnosos de su piel cálida y límpida, saboreando esa carne-verbo sin macerarla, solo dándole caricia de diente. A mí que leyendo sus poemas tan tiernos y duros, aquí fríos allí ardientes, sonoros y tímidos..., como el de Mi loba blanca que según he leído fue su primer poema de amor: Me seguían sus ojos y yo era menos que un niño;/ bosques y primaveras me arañaban el pecho/... . O ese otro que desnuda la tristeza de una Muchacha fea ante el espejo : Tímidamente pregunto/ por mi carne de nardo/ a los hondos espejos de la noche,/ en la soledad de las alcobas/... . Este poema anega de sal los pómulos y deja que sobre ellos resbale la nobleza de un escritor eternamente joven. A mí digo que mientras leía en la prensa que a Victoriano Crémer le daban la medalla de oro de la provincia, me increpaba la «Cazuela» porque ella estaba leyendo conmigo y había leído también alguno de sus poemas, me espetó: - «¡Tendrás valor de no preparar una receta con esta loable noticia!». -»¿Pero no ves cazuela que yo no conozco a este hermoso abuelo de las letras?». -»¿Cómo que no lo conoces, acaso no asientes, sonríes, aplaudes y compartes sus frases diarias? ¿No envidias su inagotable sabiduría que no cesa?». - La Cazuela de Manuela: Decidí preparar esta receta, no podía defraudar a Cazuela, había puesto tanto empeño: «Pluma grácil en salsa Cremeriana» Ingredientes: Victoriano Crémer/ Poeta/ Escritor/ Periodista/ Eterno joven de las letras/ Abuelo y padre querido de tantos nietos e hijos que queremos comer de su pluma y beber de su talento. Preparación: Con el aliento poderoso de este artífice del verbo, sujetamos las frases que nos hagan tilín en el borde de la carne, luego cuando sintamos borbotear en la Cazuela del corazón esa pluma grácil de sus versos, echamos eneldo de rima, tomillo de ritmo, romero de ternura y sal de nobleza para removerlo todo lentamente y llenar de ósculos de bellas palabras encadenadas, el pecho de un hombre que vive haciendo de su vida, el más hermoso de los poemas.