| Reportaje | La alubia de La Bañeza y de León |
Un cuarto de siglo para germinar
Una orden del Ministerio de Agricultura reconoció el 6 de marzo de 1984 la polémica y finalmente abortada denominación específica, el equivalente a la IGP, de la legumbre
La hostelería bañezana ha convertido la típica legumbre de la zona en una fiesta popular
Veintidós años ha tardado en germinar la denominación de origen de la alubia de La Bañeza-León. La tardanza del parto de los campos, casi un cuarto de siglo, no es exageración, sino una realidad sobre la que se escribió mucho. Ya en 1984 se publicó una orden ministerial «por la que se reconoce con carácter provisional la denominación específica Judías de La Bañeza», según se lee en la página 7.259 del número 64 del Boletín Oficial del Estado , publicado el 15 de marzo del citado año. La firma el entonces director general de Política Alimentaria y Presidente del Instituto Nacional de Denominaciones de Origen Romero Herrera, zamorano y de Fuentesaúco, localidad conocida por sus excelentes garbanzos. La orden respalda que «en la zona de La Bañeza, en León, se obtienen judías secas de gran calidad y reconocido prestigio en el mercado» y apunta una serie de características propicias al cultivo de la alubia y «la implantación y el desarrollo en la zona de un activo sector de tratamiento y envasado de legumbres». Estas razones llevaron a la Administración central a «reconocer con carácter provisional la denominación específica Judías de La Bañeza. Facultar a la Dirección General de Política Alimentaria para designar, de acuerdo con la Junta de Castilla y León, el Consejo Regulador Provisional, encargado de redactar el proyecto de reglamento particular de la citada denominación específica». Por último, la orden indica en qué circunstancias, hasta su aprobación definitiva, se podría utilizar las indicaciones Judías de La Bañeza o Alubias de La Bañeza. Eran otros tiempos, España no formaba parte del Mercado Común Europeo y lo que se conocía como denominación específica fue el equivalente español a lo que la legislación comunitaria llama indicación geográfica protegida, lo que se ha conseguido, de forma provisional, hasta el momento. España no ratificó la correspondencia entre sus denominaciones de origen y las comunitarias hasta el año 1994 y, mientras la alubia aprobada en la primera legislatura de Felipe González se perdía en discusiones dentro de la provincia, en otros lugares nacían denominaciones específicas como Orujo de Galicia (1989), Espárrago de Navarra (1987), Faba Asturiana (1990)... El caso es que preguntar por la razón que llevó a la pérdida de la Dominación Específica Judía de La Bañeza es, por lo que se ha comprobado, hurgar en una vieja herida. Sin embargo, la hemeroteca se revela de nuevo como una importante fuente de información y entrada de aire que cure la vieja llaga. No es de extrañar que terminara en lesión un asunto que, al margen del BOE , comienza su relato informativo con la queja de la Asociación de agricultores y Ganaderos de León (Asagale). El 23 de marzo de 1984, una nota de prensa de esta organización habla de malestar por el hecho de que «ningún medio de comunicación se ha hecho eco de la noticia». Los padres de la orden Asgale señala que la denominación específica es fruto de sus gestiones: «un logro importante si tenemos en cuenta que en nuestra provincia se produce más de una tercera parte del total de la producción nacional». Añade que el problema a principales «para la no comercialización de nuestros productos es la importación», por lo que exige «subvenciones a los cultivadores, freno total a la importación y, por el logro conseguido, formar parte del consejo regulador que se constituya». La orden ministerial resultó embarazosa, debido a su incardinación a La Bañeza y a la atribución del logro. El 27 de marzo del 84, la extinta UCL señala que a la denominación de origen le «aparecen padres por todas partes, cuando en realidad el éxito ha sido nuestro». La organización defendía entonces que «los almacenistas entrasen «en el consejo regulador y apoyar, pero como simples colaboradores». La UCL veía el nombre de Judía de La Bañeza como un «simple error» y abogaba por alternativas como «León (a secas), León-La Bañeza [...] o La Bañeza-Páramo-León». En cualquier caso, uno que «abarque todo el ámbito provincial, con todas las zonas específicas y sin discriminar a nadie». También se apuntaba la necesidad de que los agricultores lograran una mayor calidad en sus cosechas: «Hay que prepararlos e indicarles, o forzarlos, a que produzcan más y mejor». El error en el nombre se subsanó, según se publica el 29 de marzo, día en el que se advierte que, además de una importante polémica, también se «han abierto unas expectativas de cara a este producto, tan importante para León, sin que los agricultores sepan aún a ciencia cierta, hasta qué punto pueden resultar beneficiados con esta denominación». Por otra parte, se indica que «la denominación específica es un paso previo para la denominación de origen» y se hace notar el problema de apellidar la legumbre con La Bañeza: «Significa esto que todas las plantas de envasado habrían de estar en La Bañeza». En La Bañeza se asistía a la polémica con estupor y el pleno municipal aprobaba una moción, remitida al Ministerio de Agricultura, en la que se apuntaban razones de carácter histórico: «Ya en 1570 hubo transacciones comerciales en los famosos mercados de Medina del Campo precisamente de alubias de La Bañeza, que eran llevadas allí en exclusiva por labradores de la comarca», recoge Diario de León (2 de abril de 1984). El Ayuntamiento atribuyó la polémica a «luchas entre diversas organizaciones sindicales del sector agrario leonés». La salida a la polémica sobre el nombre llegó en una reunión que los afectados celebraron en Santa María del Páramo y en la que se produjo una tensa disputa entre los envasadores de La Bañeza y del resto de la provincia. Los primeros defendieron «con mucho énfasis, el acuerdo que se había formado el 23 de febrero sobre la denominación La Bañeza-León, que ahora algunos no querían respetar» y lograron que se mantuviera el nombre compuesto, el mismo que se adoptó para la IGP «por razones de votación y preferencia entre productores e industriales, por razones de semántica, de buen sonido y porque fue la que más cerca estuvo del consenso», se publicó entonces. Pese al acuerdo para nombrar la denominación específica con el mismo nombre elegido 22 años después, la figura de calidad no prosperó y, con el paso de los años, el número de hectáreas cultivadas caería desde las 18.000 al millar, debido, fundamentalmente, a las importaciones. Aunque el primer proyecto se perdió, tras nueve años de trabajo, la IGP Alubia de La Bañeza-León inicia ahora su andadura. Bautizarla tampoco ha sido fácil en esta ocasión, al menos por lo publicado, pero el nombre parece ser adecuado para una zona de producción que incluye de Tierra de Campos a Cepeda, incluyendo la comarca de Benavente (118 municipios en total). Los argumentos históricos que respaldaron este acuerdo sobre el nombre coinciden con los que en su día, en 1984, esgrimía el Ayuntamiento de La Bañeza para defender su postura. Ahora, en la que se espera que la IGP sea una alternativa para el campo, cabe confiar en el éxito de un producto de típico en la provincia y, quizá, no sea del todo injusto preguntarse por el panorama que ofrecería hoy esta legumbre si la primera oportunidad se hubiera aprovechado.