Y en el camino nos encontraremos
La Asociación de Criadores de Asno Zamorano-Leonés organiza una serie de rutas para fomentar la existencia del burro, que pretenden extender a todas las provincias

Benavides de Órbigo acogió el primer nacimiento de burro zamorano- leonés en los últimos años
Hace ya varias horas que ha salido el sol y los arrieros, que decidieron no madrugar mucho por no encontrarse la estación avanzada, terminan de preparar sus pertrechos en Puebla de Sanabria. Un grupo de viajeros, acompañados por media docena de asnos componen una estampa inusual en plena modernidad y se disponen a hacerla vívida, discurriendo paso a paso por el centro de la comarca, atravesando el Tera por el puente medieval, remontando el río hasta el término de Galende por bosques de galería y rebollares, contemplando viejos molinos y fijando en la mente mil historias para el recuerdo. La expedición no es habitual ni casual. La Asociación de Criadores del Asno Zamorano-Leonés, junto con la empresa madrileña Arrieros Trek, acaban de poner en marcha una iniciativa con la que pretenden dar otra oportunidad a dicha especie, al tiempo que fomentan los territorios descritos. «Se trata de conseguir un valor económico añadido para los asnos e intentamos que la gente que se dedica al turismo rural participe comprándolos y comprobando su enorme utilidad para las rutas de este tipo de turismo», explica Anuncia Martín, representante de la Asociación de Criadores del Asno Zamorano-Leónes (ASZAL). «Al final, lo que pretendemos es que la gente se entusiasme, compre ejemplares de estos animales y contribuya a mantener una raza maravillosa que todavía está en peligro de extinción», añade. Primera ruta La ruta por Sanabria es la primera de una serie que llevará próximamente a los expedicionarios, todos los fines de semana hasta mediados de junio, por otros lugares de la provincia de Zamora, bajo epígrafes como «El Camino de Santiago en burro por Tábara y el valle del Tera» o «Ruta por el Parque Natural de Arribes del Duero». «Para ser sinceros, esta iniciativa empezó con una broma. Nos habíamos preguntado muchas veces, viajando por el mundo con arrieros de otros lugares, de África y de Oriente, si seríamos capaces de ser tan aguerridos y desarrollar un trabajo duro como el de llevar animales», señala Alberto Arias, gerente de Arrieros Trek, empresa que organiza junto a ASZAL la ruta propiamente dicha. «El principal objetivo es dar a conocer y defender la raza del asno zamorano-leonés porque, a través de esta actividad, le damos una justificación al burro, que no vive del cuento, desarrollando un trabajo con el que se gana su manutención y alojamiento. Además, promocionamos la naturaleza, caminando», añade. La iniciativa que apuesta por lo tradicional en medio de la modernidad es una hábil pirueta más que se pone en marcha en una provincia cuyos indicadores socioeconómicos dejan lugar a un escaso optimismo. «Hay casas rurales que ya tienen y empresas como Arrieros Trek que colaboran en la organización de estas rutas pero lo que queremos conseguir es desarrollar bien las rutas y atraer gente porque la mayoría de los animales están repartidos por ahí. Los particulares que los compraron los tienen para que se vean pero no han dado el paso de implicarlos en estas actividades», comenta Anuncia Martín. Para todos los públicos Al margen de estas consideraciones, los más pequeños abren mucho los ojos y disfrutan de lo lindo, no en vano tener un burro zamorano-leonés al alcance de la mano se ha convertido en una experiencia para contar en la ciudad, cuando hace sólo unas décadas era algo cotidiano en cualquier localidad del medio rural. «Mi tío se compró un burro, me gustó y he venido a estar con más. Hemos ido por el río y está guay montar en ellos porque son muy mansos y te lo pasas muy bien», afirma Sergio Alonso, jinete de 12 años procedente de Manganeses de la Lampreana. «Pasear, comer un rato, pasear otra vez y comer en el campo», describe sucintamente Su Yian, niño de cinco años oriental y madrileño de adopción. «El que más me gusta es éste», añade, agarrando a duras penas un estribo con la mano.