| Reportaje | En la memoria |
Las piadas y el olor a castañas asadas
Hace años, los pavos y las transacciones ganaderas eran el eje central del acto, que hoy se ha adaptado a los tiempos
La feria de San Simón cambia el pulso a Sahagún y esto ocurre desde hace años. Antiguamente, cuando los niños acudían al colegio, tenían que sortear los sacos de grano que se apilaban bajo los soportales a la espera de que llegara el día grande, que a ellos les ofrecía un día sin clase, cuando se realizaban las transacciones comerciales típicas del encuentro. Las piadas de los pavos, que por aquel entonces daban nombre a la feria, llegaban de Valdepolo, Villaverde de la Chiquita, Quintana de Rueda, Sahechores, Villeza de las Matas o un sinfín de pueblos donde sus vecinos engordaban a las aves a la espera del 28 de octubre, listo así para las navidades. El paso de los años ha llevado a los pavos al recuerdo y le ha dado el protagonismo a los puerros. Sin embargo, el olor a castañas asadas, a almendras garrapiñadas y a churros continúa inundando a día de hoy las calles de la capital de Tierra de Campos. Antes, en la calle de Regina Franco se podían adquirir los lechones y después, por el barullo de Flora Flórez llegar hasta el centro neurálgico de la feria de San Simón, la plaza de San Benito. Allí, el cántico charlatán del encuentro iba desde los vendedores de relojes, cachabas de caramelo o diamantes con los que hacer finos cortes en el vidrio. Pero la transacción estrella era la venta de ganado, que tras ser vendidos viajaban a las plazas cántabras y la alta montaña de la provincia de León. Ahora, con el paso del tiempo, con los cambios de la sociedad y la cultura, con las nuevas tecnologías y los avances en el campo la feria ha cambiado, ha evolucionado. Las grandes máquinas que trabajan en el campo ahora son un buen reclamo para el encuentro de San Simón. Las más antiguas tradiciones se han adaptado.