Diario de León

Un alcaide del siglo XXI

La residencia habitual de Felipe Pérez Pollán, profesor de Secundaria y ex alcalde, es la torre del castillo que la noble familia de los Bazán construyó en Palacios de la Valduerna El d

Felipe Pérez Pollán posa en el castillo que habilitó hace veinticuatro años como vivienda

Felipe Pérez Pollán posa en el castillo que habilitó hace veinticuatro años como vivienda

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A. Domingo - la bañeza
León

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La necesidad de cobijo ha llevado a plantearse soluciones habitacionales de lo más variado, desde las cuevas en la prehistoria hasta los polémicos minipisos de la ministra Trujillo. Luego, cada cual se apaña como puede en función de si los ingresos le alcanzan para más o menos y existen desde personas sin hogar hasta quienes viven en grandes mansiones. Pero, al margen de la problemática de la vivienda, cuando menos resulta curioso que alguien viva en un bien de interés cultural, en un monumento, en un castillo. Y si, encima, es su vivienda habitual, el caso gana en interés. Felipe Pérez Poyán, soltero, ex alcalde de Palacios de la Valduerna -«casi iba a decir que por desgracia», apunta-, y profesor jubilado de la Enseñanza Media «o al menos así se llamaba», ocupa el castillo de los Bazán, en Palacios, desde 1982. Pérez Pollán adquirió el castillo en 1980. «Quería hacer una casa en el pueblo. Por supuesto, no pensaba en comprar, porque algunos se piensan que descienden de la pata del caballo del Cid y ponen unos precios... Entonces me enteré de que Hacienda lo iba a subastar, así que localicé a los dueños y lo compré», explica el profesor. Pérez Pollán recuerda que la torre del castillo en el que todos los meses de agosto, desde hace más de veinte años, se celebra el acto Poesía para Vencejos se utilizaba entonces para guardar «ovejas y burros». De su niñez en el pueblo recuerda que en la planta que en la planta baja «se hacían hogueras» y en el segundo piso «jugaban clandestinamente a las chapas». Residencia de gitanos «Siempre lo conocía abierto. Fue residencia de gitanos, que, con dos mantas, tapaban la entrada y la ventana y, al menos, estaban bajo techo. El jardín era un basurero, en el que crecían malas hierbas». También conoció un segundo lienzo del castillo, que bien se cayó o lo «tiraron para sacar piedra». El actual alcaide estima que en su noble residencia se vive mejor que en un piso: «Ni molestas a nadie ni te molestan. Además, posee una buena acústica», asegura Felipe Pérez, mientras se levanta para demostrar que la Tocata y Fuga de Bach se escucha «como si estuvieras en una catedral», y tiene razón. Los dos huecos habitables tienen forma circular, coronados por una cúpula, tanto el inferior como el superior se han dividido en dos plantas cada uno gracias a estructuras de madera. En el primero de ellos, cuatro escudos y sol se dibujan en el techo, y se adivina que alrededor del astro existe «una inscripción en letra gótica», que no ha sido descifrada. Con muros de más tres metros de espesor, el hueco de una ventana sirve a Pérez Pollán de despacho, en el que la tecnología del ordenador se integra con los viejos sillares. El profesor y estudioso de la comarca no pasa frío en su fortaleza, que caliente con un acumulador. confiesa, sin embargo, que, por la noche, no le importa echarse una manta más, pero indica que la temperatura en invierno se sitúa, gracias al radiador, entre los 18 y 20 grados. En verano no sufre los rigores del clima y este año ha alcanzado una máxima de 24 grados. En cualquier caso, Pérez Pollán acumula una larga experiencia como campista» y si en una tienda de campaña se puede vivir, aquí, aún mejor», dice en referencia al interior de los muros». De hecho el castellano -adjetivo que le viene por la propiedad, que no por el lugar de nacimiento, Palacios de la Valduerna- montó la tienda de campaña para vivir en la primera planta mientras se restauraba y habilitaba el piso bajo. En su torreón -se piensa que fue el principal del castillo y tuvo uso de residencia, al contrario que las otras que se irguieron orgullosas en otro tiempo, destinadas a la defensa-, Felipe Pérez asegura que ahora llaman a su puerta menos visitantes que en otro tiempo -«quizá es que no me encuentran en casa», bromea-. En cualquier caso, algunos fotógrafos de La Bañeza disponen de la llave del jardín, para poder acceder a éste, que no a la particular vivienda, cuando alguna pareja de recién casados demanda su reportaje de boda junto a este monumento. Las complicaciones Pérez Pollán, que trabaja ahora en corregir las segundas pruebas de la antología que, con motivo del vigésimo aniversario de Poesía para Vencejos, que se cumplió el año pasado, se editará en breve, encuentra como principal dificultad de su vivienda el mantenimiento del castillo. Eliminar las humedades que se filtraban de lo alto de la torre le costó un montón de euros. Por otra lado, quiso «reforzar un arco» del muro que aún está en pie, «pero hay que presentar un proyecto que debe firmar un arquitecto que contrates y, luego, te lo tienen que autorizar. Además, no te dan nada por conservarlo».

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