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MARTÍN MARTÍNEZ
León

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QUERIDO hermano: Que Dios y la sabia Naturaleza nos den paciencia para afrontar estos pocos días que restan para el de autos. El sábado debemos caer en el silencio, reflexionaremos, si es que hay que reflexionar, y las urnas dirán lo que tengan que decir. Pasmadico me he quedado, querido. Tiempo hacía que no recibía cartas. Supongo que con eso de internet, las páginas webos , los chats, que muchos son choteos, y el móvil de oreja en la calle, nadie escribe ya. Me estaba pasando lo que al viejo coronel; nadie, excepto tú, me escribía, aunque lo haces con una irregularidad tal que me temo algún día te rajes. Ahora no, hermano. Desde hace unas jornadas el buzón revienta. Llevo unos días abriendo la caseta gozoso pues, por la rejilla, veo el interior preñado. Y cada día mi gozo va al pozo. Con la endemoniada publicidad se mezcla la correspondencia electoral. Sabes cómo soy, que leo hasta el papelín de las chocolatinas. Así que, aun con la decepción, abro hasta ilusionado el sobre; me decepciono otro poquitín; dentro hay más sobres; blancos los unos y casi naranjas los otros. Y listas con nombres, muchos de ellos, casi todos, conocidos desde hace años y años. Malo. Ah, y una carta; se me alegra la pajarita; me han escrito. Me siento importante porque José Luis Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy, Llamazares -los tres con sus implicaciones leonesas- y otro tropel de candidatos se dirigen a mí, personalmente. No he recibido, todavía, la de Lorenzín - López Trigal- que ha vuelto al surco político aunque sé anduvo de mercado el otro día; vendiendo claro; ni la de Arias de la UPL y otros más. No sé si debo esperarlas, por aquello de no colmar demasiado la papelera. Eso sí hermano, la satisfacción y autoestima tuvo un subidón. Te cuento: Zapatero y Rajoy, pongo por caso, abren la misiva con un «estimado Martín»; y además con un usted que ya comenzó a escamarme; de alguno esperaba el tú, porque así ha sido siempre. El mosqueo aumentó cuando comprobé que de personal esa carta nada; que ese mismo escrito lo reciben otros veintitantos millones de españolitos porque me revela que pongan «estimado/a Martín». No se jodió la marrana, que diría Felipe González, pero a punto estuvo. Seguí leyendo y, unos y otros, sin preguntar si me ha subido el colesterol, si la sordera va en aumento o he mercado un sonotone, oye sin mentar siquiera a la parienta, te enfilan una reata de cosas comunes, oídas hasta la saciedad y al final te piden la cartera, digo el voto, que la cartera ya la tienen. He percibido una leve diferencia; los que hace cuatro años prometían el oro y el moro, apenas mientan aquellas promesas; los otros, ya sabes, al revés. Y me sube, no la emoción, sino la bilirrubina y hasta los triglicéridos. Cagüenlá. Porque la cantinela de la Vía de la Plata, es un ejemplo para todos los partidos, la llevo en la piel desde que peregriné a Lisboa señorial para reventar una rueda de prensa; por lo fino, claro, no como ahora que andan a mamporros; tan por lo fino que anticipados ni nos encontramos con Jesusín Cantalapiedra. Todo fue de guante blanco gracias a nuestro hombre en Portugal, el amigo Antunes. Por otra parte, te envían el voto y nada de programa los muy pillines; papel ahorrado y medio ambiente agradecido. Y ya que me escriben, aunque sé no me contestarán, les pregunto. ¿Por qué dejan que los bancos acambonen esas barbaridades de ganancias, como otras muchas empresas especulativas? Ni se atreven con ellos. Y que nuestros hijos anden a rastras para poder alquilar un piso o buscarse una hipoteca. Bueno, hermano. Dentro de cuatro años tendremos cartas; alguien nos escribirá y se repetirán nombres como ahora. Si guardas éstas, verás que son calcadas. La próxima mía no la esperes; estaré de reflexión, votaré y si cuadra subiré hasta las torcas ¿de Posadilla o Barrientos? Tal vez Isidro lleve tortilla que es domingo Lázaro.

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