Reportaje | vanessa araujo
En tiempos de Alfonso X
Un grupo de vecinos representaron en la Casa de Cultura de Villablino La Carta Puebla de Laciana, con la que el monarca dotó de privilegios reales a la comarca

En obra se tuvieron en cuenta todos los detalles de la época, como el vestuario o los peinados.
Los lacianiegos pudieron adentrarse en el mundo de Alfonso X El Sabio gracias a la representación de La Carta Puebla de Laciana en la Casa de Cultura de Villablino.
Este acto contó con la participación del párroco de la Iglesia de Caboalles de Abajo, Antonio Diez, junto con miembros de la Asociación Carta Puebla y se incluye dentro de la Otoñada Cultural que organiza el consistorio lacianiego desde el pasado mes de octubre.
El público asistente pudo ver una representación que consta de un total de cinco actos desiguales, bajo la voz del narrador. Entre los personajes que se pudieron encontrar estaba Alfonso X y el Arzobispo de Toledo. El número total de ciudadanos que participaron en esta obra fueron más de una treintena y para darle un mayor realismo y vivir plenamente la época, se ambientaron las inmediaciones a la Casa de Cultura con música de la época.
Con esta representación se ha querido dar un homenaje al documento más importante de la historia de Laciana, ya que la carta puebla es un conjunto de pergaminos de las confirmaciones reales al primer privilegio otorgado por el rey Alfonso X El Sabio, en 1270 en la localidad de Burgos. Asimismo, este documento se divide en once partes como son la presentación de Alfonso X El Sabio, la concesión de algunos realengos y el mercado semanal con libertad de movimiento, entre otras.
Respecto al vestuario, hay más de una cuarentena de vestimentas, donde han querido dar la mayor similitud posible a los ropajes de la época. Los trajes femeninos, se mostraron entallados, y la camisa era más larga que la masculina, con bordados y ajustada. Los tejidos que se ha utilizado para este vestuario ha sido el paño en color escarlata y verde, junto con los terciopelos y sedas, entre otros.
El peinado fue uno de los rasgos característicos de la época, donde se pudieron ver rostros completamente afeitados y cabellos largos que se rizan a la altura de las orejas y sombrean la frente con un grueso bucle. Respecto al estado civil, las solteras llevaban sus cabellos sueltos, mientras que las casadas dividen los suyos en dos bandas onduladas y reúnen sus trenzas sobre la nuca.