Diario de León
marciano pérez

marciano pérez

Publicado por
PABLO RIOJA BARROCAL
León

Creado:

Actualizado:

Como en los días de mayor gloria, el buen tiempo tiene parte de ‘culpa’ de que las calles de León hayan estado repletas de público este fin de semana.

Creo que sufren un colapso de proporciones bíblicas los sistemas operativos de las páginas web que se dedican a las predicciones meteorológicas. Son los papones de León, que llevan desde el Viernes de Dolores absortos frente a sus pantallas del ordenador contemplando soles a diestro y siniestro, con una mano pegada al ratón y el puntero fijo en la opción ‘ver próxima semana/ver semana anterior’. Así en un bucle infinito.

No dan crédito —hombres de poca fe— ante semejante panorama en los cielos. No, todavía no ha caído ni una gota y parece que la cosa pinta que va a seguir así. Hay incluso quien está tan indignado por tan intolerable falta de respeto que amenaza con colgar la túnica hasta que ‘amaine’ el anticiclón. Pero, aunque parezca mentira, este momento de gloria celestial no es tan histórico como algunos pretenden vender. No hace tanto, las procesiones salían de principio a fin sin que los corazones de abades y seises amagasen con infartar por culpa de un nublao mal avenido. Es como si los astros se hubiesen alineado para que al mismo tiempo que el país sale de su letargo, la Semana Santa leonesa vuelva a ser como las de antes. Siempre hay luz al final del túnel.

Da gusto airearse calle Ancha arriba y sentir que se antoja estrecha, recorrer por los puestos de la Plaza Mayor y no hallar ni un tendero pasando los sábados al sol o matar judíos en mitad del Barrio Húmedo mientras el Paso de turno recuerda que aquí la Pasión se vive entre lo humano y lo divino.

Y así, hasta las palmas del Domingo de Ramos parecían ayer de oro puro, prestas para aclamar a un Rey que pronto será reo de muerte. Tan pronto de hecho, como marquen hoy las tres antiguas, con sus imágenes titulares acompañadas de riadas de hombres y mujeres de negro. Salvo catástrofe, no se repetirán los actos extraordinarios intramuros de Santa Nonia, donde últimamente se acostumbraron a mecer más que a pujar, con las bandas tocando dentro y no fuera como manda la tradición. Un acto, por cierto, triste —porque suponía que la procesión de la Pasión no saldría de casa— pero emotivo y cargado de respeto. Cómo olvidar a los braceros del Señor de León —capillos arriba— cantando al unísono el himno de su amado Nazareno o la devoción que profesan hacia sus vírgenes los hermanos de Angustias y Minerva. No hay mal que por bien no venga. Pero este año no. Este año toca escaparse a la calle, dejar la gabardina colgada, perderse entre el gentío que se cuela en la ciudad pese a la pésima promoción que algunos hacen, apurar la velada hasta que el cuerpo aguante, desgastar las páginas del programa y al final de todo, mirarse en el espejo y saber que lo mejor está por venir.

CAPILLOS ARRIBA

Como las de antes

tracking