Diario de León
Los vendedores de globos son los personajes favoritos de los más pequeños, la señal indiscutible de que la procesión ha terminado. Sus vivos colores inundan.

Los vendedores de globos son los personajes favoritos de los más pequeños, la señal indiscutible de que la procesión ha terminado. Sus vivos colores inundan.

Publicado por
PABLO RIOJA BERROCAL
León

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Siempre se ha dicho que la procesión no acaba hasta que pase el último cura, pero viendo el panorama, yo diría que son los vendedores de globos quienes marcan el final. Y es que Dora la Exploradora, Bob Esponja y compañía procesionan a su manera desde hace años en manada, inquietos porque algún niño les elija entre un millón y locos porque la cuerda que les ata a este mundo se rompa para surcar los cielos en total libertad. Supongo que saben que esto de las procesiones viene de arriba.

Y lo mismo me pasa con aquellas que suelen abrir el cortejo; las vendedoras de obleas. Confieso que de pequeño, más que el ruido de los tambores al pasar, lo que ansiaba era el Paso de las vendedoras de obleas con sus carritos de mimbre, sobre todo por si mi padre tenía uno de esos días en los que cualquier deseo se convertía en realidad. A mí me gustaban las que tienen forma de cono. Ahora creo que vienen plastificadas por seguridad, antes no, antes se pegaban unas a otras y cuando te asomabas a mirar aquel escaparate parecía gloria bendita. Qué sabor, qué textura... Confieso que más de una vez le he comprado alguna a mis sobrinos con la excusa de recordar viejas sensaciones, pero no, lo siento, las obleas de hoy no saben como las de antaño. Pasa con todo. Ya se sabe; al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

Luego está el de la bandera, sí hombre, el primer papón que se ve a lo lejos. Mi respeto y admiración hacia aquellos primeros papones y paponas que abren las procesiones de Semana Santa. Nadie les tiene en cuenta, como si estuvieran puestos ahí por el ayuntamiento. Pero cumplen su función. Lo mismo que los monaguillos, los que portan el incienso, los faroles, la cruz de fila, los que van detrás de un paso rezando —vela en mano incluida—, las manolas, los miembros del resto de cofradías que acompañan al abad al fondo, el que no quiere ni pujar, ni tocar, ni figurar, sólo salir descalzo en señal de sacrificio, los policías... Todos ellos, por activa o por pasiva, son y hacen que esta semana, la de León sea realmente santa.

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