PAPONA DE ACERA
No habrá indulto pero sí perdón
Y el Martes pide un Perdón
Ese papón ferroviario
Al Dios de su corazón.
MANUEL JÁÑEZ GALLEGO
No encuentra el Gobierno a quien perdonar mientras la ciudad se viste de clemencia y tradición. Buscarán los ferroviarios de León con sus faroles un hombre bueno al que conceder perdón, que hoy es martes, su Martes, el de amnistía, indulto y condonación. No habrá papel oficial que certifique que el condenado ha quedado libre de pena pero la indulgencia se otorga sin pedir y en el Locus Apellationis, en el lugar donde se impartió justicia con arreglo al Fuero Juzgo y al Fuero de León, donde se celebraron juicios de alzada y la sentencia era promulgada por cuatro jueces, cada uno representando al rey, los nobles, a la iglesia y al pueblo, en ese pequeño fuste entre las puertas de san Juan y el Juicio Final, ahí, en la Catedral, el lugar desde donde todo se ve, donde todo se juzga, se alzará la voz del Perdón y un hombre recibirá hoy el indulto de corazón, quiera o no quiera la gobernación.
No habrá preso que liberar en año de conmemoración, que cumple 50 el Cristo titular del Perdón, la talla que veneran los de la túnica marrón de sarga y crucifijo de madera. Saldrá en larga procesión, que camina desde el asilo de los ancianos desamparados, en la Corredera, que ahora es calle pero antes fue campo sin ciudad, hasta la Catedral, y luego bajará la calle Ancha, estrecha para tanto gentío, y llegará a su iglesia al otro lado de León, donde las vías partieron la ciudad en dos.
No se cruzará con la otra procesión, la de las tres Madres, la de las tres Vírgenes, las de la antiquisíma y venerada cofradía de las Angustias y Soledad, 438 años de historia y pasión, la que moverá esta tarde a miles de papones, de paponas, a miles de paponines que tomarán el centro de la calle y sus hileras, que proclamarán por León que además de hermanos, son padres, madres, hijos y abuelos, todos juntos en procesión, un desfile íntimo y familiar. Saldrán con la Señora de Las Lágrimas, con la Virgen de Angustias y con la Soledad, la ‘generala’, la única que lleva el fajín de jefe —debería de ser jefa— de los ejércitos.
Quizá al pasar rozando San Francisco, escuche esa multitudinaria procesión el canto desgarrando del Silencio, que envolverá en rigor la oscuridad y en rezo la Pasión. Solos ellos, los papones del Santo Cristo de la Expiración. Solos ellos y, quizá, un puñado de ciudad que acompañarlos en su último desvelo.
Y así empezará la madrugada del sexto día en León.
Que no te aflija la espera
De casi un año, papón
Y viste tu corazón
Del color de la esperanza
Que llega Semana Santa
y el Señor muere en León
MANUEL JÁÑEZ GALLEGO