CAPILLOS ARRIBA
Cuando la devoción se vive en familia

Elsa, su marido Francisco y su hija Sara, junto al maestre del Santo Sepulcro, antes de la misa de admisión de nuevos hermanos que tuvo lugar ayer en el convento de las Concepcionistas.
La procesión va por dentro dicen. Y al menos, en el caso de los hermanos del Santo Sepulcro Esperanza de la Vida, el dicho se cumple de forma literal. Fue ayer en la iglesia del convento de las Concepcionistas, como parte de uno de los ritos iniciáticos más singulares de toda la Semana Santa. Un total de 54 personas entraron a formar parte de la cofradía. Con sus hábitos bien colocados en el brazo, los nuevos integrantes recibieron una especie de ‘bautismo’ pasando después a engrosar la lista de hermanos de esta joven pero experimentada cofradía.
Tres de esos protagonistas que ‘nacían’ a una nueva vida dentro del Santo Sepulcro fueron Elsa Robles, su marido Francisco Zapico y su hija de seis años, Sara. La emoción apenas podía contenerse. No son papones de cuna, pero llevan dentro la pasión como el que más. Aunque parte de la ‘culpa’ de esta decisión la tiene su pequeña, cuyo amor por las procesiones ha terminado por arrastrar a toda la familia. Lo fácil, comentan, habría sido entrar en una de las cofradías históricas de la capital. Pero algo llamó la atención de Sara desde que vio por primera vez salir a la calle al Padre Jesús Sacramentado y a María Santísima de la Piedad. «Se quedaba atónita al verles pasar», señalan. «De lo que más ganas tengo —confiesa la niña— es de dar la mano a la gente que espera en la fila». Y pese a que apenas ha pasado sus primeras horas como papona con mayúsculas, ya tiene claro que de mayor le gustaría entrar en la banda y aprender a tocar el tambor.
Todos los hermanos que pertenecen al Santo Sepulcro han vivido en primera persona esta ceremonia solemne. «Cualquiera puede sumarse a la cofradía —hoy somos 576— pero para hacerlo necesitará un padrino de dentro que le ayude a emprender este camino», puntualiza el maestre Fernando Lorenzo. La procesión partió de la sacristía, por el interior del templo, con el guión de la cofradía, seguido de los hermanos que visten la túnica, la Junta de Gobierno y el capellán que preside la eucaristía. Al finalizar la homilía se realizó la bendición de los hábitos y de los participantes. Fue justo ahí cuando los nuevos hermanos se pusieron al fin la túnica. Todo ello acompañado por el canto de las madres concepcionistas.
Uno de los momentos más esperados e impactantes llegó cuando los neófitos encendieron sus velas como símbolo de la luz de Jesucristo. «Vivirlo todo en familia es algo impresionante», relata una Elsa agradecida al resto de hermanos por lo bien acogidos que se han sentido. Francisco, por su parte, está radiante. Además de entrar en la cofradía junto a su mujer y su hija, se estrenará como bracero. Lo hará en el paso conocido como El Hombre Nuevo. Así se siente él.
Lejos de lo que pueda parecer, cada vez son más las familias leonesas que se animan a entrar a la vez en alguna de las cofradías mixtas de la ciudad. Los hijos sirven muchas veces como principal nexo de unión. Los padres simplemente se dejan llevar. Y ya se sabe; los caminos del Señor son inescrutables.