Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Volcán vocabulario. La luz y la palabra, II

José Luis Rey. Visor, Madrid, 2009. 352 pp.

Hay poetas con mundo y poetas con paredes. Hay poetas expansivos y poetas estreñidos. José Luis Rey (Córdoba, 1973) es de los primeros en cada proposición. Es un poeta con proyecto previo (como lo fue por ejemplo J. Guillén) sobre el que elaboró La luz y la palabra , cuyo primer volumen apareció en 2001 y que culmina ahora con Volcán vocabulario. La luz y la palabra, II , con nada menos que 350 páginas, lo que supone una lectura en varios trancos. Todo un ciclo basado en un programa muy ambicioso. Dice el poeta que contempla la poesía «como creación del texto luminoso del mundo, como elaboración de un orden». El texto del mundo que pretende ser su libro nos exige reducir un comentario que podría ser muy largo. La ambición, como ya anuncié, es lo más perceptible. La extensión del poemario no es índice de calidad, pero sí de amplitud de canto y de horizonte. No permanece el poeta en un círculo limitado (el ensimismamiento de otros poetas, o la sujeción a un tema único como la soledad o el amor), sino que tiende a una cierta totalidad, porque a la poesía nada le es ajeno, ni lo propio ni lo de los otros, ni el hijo-niño que canta en «Mi hijo amarillo», ni el amor, ni la belleza, ni la memoria. Y el lirismo a ras de tierra puede elevarse cuando es necesario, al igual que en determinadas partes del poemario el canto se convierte en cuento, en todo momento con un tono digno, noble, de ritmo sostenido.

El poeta se mueve entre lo personal y la historia, lo breve y lo cósmico, la realidad palpable y la imaginaria, entre la vida y la cultura, de modo que en sus versos hay alusiones cuya percepción requiere cierta finura crítica; cuando dice, por ejemplo: «Quien ha amado unos ojos, quien amó... / ese cauce fluvial de la alegría.../ cómo puede morir», oímos la voz de Hierro: «Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría / no podrá morir nunca»; y cuando J. L. Rey escribe: «Así seremos jóvenes. / Que nunca llegue el huracán», sentimos resonar la palabra de Colinas a sus hijos: «Si a vuestra vida un día llegase el huracán...».

Poesía y memoria: dos palabras necesarias para la obra de J. L. Rey. «¿Cómo podría yo vivir sin ti» le dice el poeta a la poesía. Siempre quedaría «la honda nostalgia de otro cielo». «Siempre subiendo hacia lo hermoso»: esa sería la definición de la poesía que busca la luz en la palabra. La memoria, por otro lado, personal o imaginaria, recrea el pasado del niño que fue: «Este niño que juega en este prado / será pobre mañana y será ciego. / Y volverá a soñar el paraíso». Es el ciclo de la vida. «Al dormirse zarpó de pronto un niño». Tarifada la infancia y la juventud, siempre desde una actitud comprensiva, el ciclo puede haberse cerrado. Cuando los sueños de juventud empiezan a helarse, tal vez todo consista en esperar «sentado en la ventana..., hasta comprender cómo la muerte es poderosa». Mientras tanto, el poeta seguirá ofreciendo sus dones, que no son otros que sus palabras luminosas.

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