Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Del condestable cielo

Antonio Carvajal. Estudio preliminar de Antonio Chicharro. Instituto de Estudios Gienenses, Jaén, 2010. 96 pp.

Antonio Carvajal representa en sí mismo el ser en, para y por la poesía. Leerlo o escucharlo es convivir con la poesía, oír el rumor de la tradición poética secular, habitar en un ámbito en el que la pasión y el fervor no anulan la agudeza del pensar. Su obra, desde Tigres en el jardín (1968), ha crecido en el acendramiento de las formas como reducto de la emoción contenida. Su dominio de los resortes todos del poema y sus variados registros rítmicos han ido ahondando en una parigual densidad reflexiva sobre el hombre y el mundo en su complejidad, más cargado cada vez de experiencia humana y de fervor por la vida y el arte (música, arquitectura, pintura, fotografía...) que dan especial sabor a su poesía. Esta ha dado lugar a recopilaciones antológicas acompañadas de riquísimas interpretaciones críticas. Cito, por ejemplo, Una perdida estrella (1999) y El corazón y el lúgano (2003), aquélla con espléndido estudio de Antonio Chicharro, que fue también quien coordinó la segunda, en la que conjuntaron su mirada los más conspicuos lectores del poeta granadino. Es también Antonio Chicharro quien, en su calidad de mejor conocedor y estudioso de la poesía de Carvajal y baezano de pro, realiza el estudio preliminar (más de 40 páginas) de esta recopilación titulada Del condestable cielo , que recoge los poemas que un granadino (Carvajal) ha dedicado a lo largo de los años (desde 1973 hasta el presente) a las tierras y lugares de Jaén, aspecto y tema que dan unidad y coherencia al libro.

El crítico resume la poética carvajaliana en ocho principios, de los que destaco lo que la poesía tiene de oficio y revelación, de entrega vital y ética social, de autenticidad y diálogo con la tradición. Antonio Chicharro explica la estructura del libro, la procedencia de los poemas y el mundo referencial de los poemas, pues sin los espacios de que brotaron «no pocos de tan hermosos poemas jamás hubieran sido escritos». Chicharro analiza todas y cada una de las cinco secciones del libro, todos y cada uno de los poemas. No es posible seguir aquí tal itinerario, que comienza con las «Odas y Elegías», plenas de fuerza y virtuosismo, en relación con Úbeda, Baeza y Jaén. Resulta fructífera la lectura que alterna el comentario del crítico con la del poema correspondiente. Debo decir que nunca decae el gozo y la emoción, hallando en cada sección poemas memorables (como lo son, por ejemplo los siete de las «Siete miradas sobre el camino de Andújar»). Por otra parte, en lo que la poesía tiene de imaginería y artificio, Carvajal no tiene par. Lo más sorprendente es el impulso emocional que mueve las formas. Carvajal es además un lector agradecido: de ahí que haga de la tradición carne y palabra propia, como puede observarse en «Endecha y mudanzas de las tres morillas» (Aixa y Fátima y Marién) o en las «Diferencias y tientos sobre un tema de Lope de Vega recreado por José Hierro». Termino con las palabras últimas de Antonio Chicharro, que apela al lector capaz de ver tras «el corsé de la lógica referencial» de los poemas un valor trascendente: la afirmación de la belleza como un bien y «la defensa y afirmación de la vida por la denuncia y rechazo del mal».

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