FRANCISCO JOSÉ MORÁN
Meditación en Nochevieja
(Miércoles, 31 de diciembre del 2008)
Ha venido la noche apresurada,
súbitamente llega hasta la casa
y se adueña, también, de mis ventanas.
Me sugiere a un viajero caminante
roto por el cansancio acumulado,
que busca reposar de su andadura.
(Se ven pocas estrellas en el cielo
y se oculta la luna entre las nubes).
Ya sé que es una noche bien distinta
a todas las del año transcurridas,
que se abre a nuevo tiempo mi existencia.
Podía ser esta noche la señal
de que acabe una vida su periplo,
o que fuese el anuncio de un desastre,
como una noche de -˜cuchillos largos-™
que vive un desenlace imprevisible-¦
Es noche del invierno, misteriosa
y mística, oscura ya, a estas horas,
que late en mis sentidos, imprecisa,
propicia noche de consumación,
y que todo termine en un instante
porque vengan las sombras del silencio.
Esta noche es tan mía, que estoy solo,
sentado ante una mesa y abstraído,
queriendo sondear entre mis sueños
por desvelar la noche y sus entrañas,
aunque soy todo noche en mis adentros.
La sucesión del tiempo traerá pronto
la luz, luego la noche morirá,
vendrá el amanecer, renacerá
la vida, resplandeciendo el día.
(La noche se ha perdido entre la nada,
su transmutación se refleja en mi ánimo).
Cuando el alba domina el horizonte,
como un viajero caminante llego,
buscando aquel mañana que era mío;
acaso sostenido por mis sueños,
pero roto, también, por el cansancio.
Y bien sé que contemplo mi derrota;
que aunque quiera desafiar la noche,
es sólo un imposible, una quimera.
Mi luz se apagará, como una antorcha
que agota el combustible contenido-¦
y mi transmutación hacia la niebla-¦
Después -¦ seré, acaso, una sombra de la nada,
o un eco del silencio aprisionado.
Y, tal vez, reapertura hacia otra luz,
en los espacios infinitos.
(Del libro inédito Paisajes del silencio )