Diario de León
Publicado por
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
León

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Parranda larga

Nicanor Parra. Ed. Alfaguara, Madrid, 2010. 486 pp.

Allá por 1972 apareció en Seix Barral una antología de Nicanor Parra titulada Antipoemas . Me desconcertaban esos poemas en los que primaba el ingenio, la contradicción, la factura prosaica. Yo buscaba intensidad y se me daba ingenio. Ingenuamente pensaba en Campoamor. No era una evocación gratuita, pues el mismo Parra lo citaba en sus versos: «Nada es verdad, aquí nada perdura, / Ni el color del cristal con que se mira». Pero Parra es moderno y menos titiritero, con más gracia, con ironía inteligente, más variado y más poeta. En aquellos años setenta, Parra era leído en Chile, su país, como una especie de anti-Neruda. En España, hasta la edición de Seix Barral se le conocía poco o nada. Hoy lo conocemos y reconocemos. Le han otorgado además importantes premios internacionales: el Juan Rulfo en México en 1991, el Reina Sofía en España en 2001 y ha sido postulado para Nobel. Su obra ha sido objeto de estudios de vario tipo a lo largo de los años. Así que cuando el poeta chileno se acerca al centenario de su vida (nació en 1914), esta extensa antología fabricada por Elvio E. Gandolfo, con el título ingenioso de Parranda larga , nos permite reencontrarnos con ese mundo lleno de inteligencia y gracia, guiados además por el prólogo breve, pero muy sustancioso del antologo, que considera que los dos grandes virajes del lenguaje poético español lo han dado en el XX Darío y Parra. La poesía de este, nos dice, consiste en «desarticular la expectativa automática» y desmoronar lo establecido, y eso sobre un «uso demoledor del endecasílabo, para él una especie de cimiento absoluto del lenguaje». Y añade: «La contradicción, la paradoja, la unión de contrarios, la explosión porque sí... está en la base del sistema». En esta relectura amplia de su obra, constato que, como sucede con otros poetas, la poesía de Parra acaso nos interese por la gracia con que dice lo que dice. Y esa gracia es sorpresiva. Tiene anécdota y esa anécdota deja de ser común para ser «parranda». Lo leemos expectantes: esperamos el verbo que nos impresiona, la idea que nos mueva. Ingenio es una de las palabras definidoras de esta antipoesía, como le llama Parra a la suya, un ingenio que lleva a decir con gracia y garbo lo que seguramente pensamos; ingenio para hacer fácil lo difícil. Variedad es otra de esas palabras definidoras. Cada libro de Parra es una aventura nueva de tema y versificación. Nunca se detiene en lo que él mismo ha transitado. Llaneza es otra de aquellas palabras. Él mismo ha dicho que prefiere el leguaje periodístico de un Dostoievski o un Sartre a las virguerías de Góngora o de un modernista cualquiera. La de Parra es una poesía «en el lenguaje de todos los días», pero mirando el forro de la vida, desarticulando el lugar común para ofrecer la visión nueva que se le pide a la poesía.

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