Diario de León
Publicado por
ALFONSO GARCÍA
León

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El collar de los espíritus

Marianne Krause. Ed. Everest, León, 2010. 136 pp. Premio Villa de Pozuelo de Alarcón de Novela Juvenil. A partir de 12 años

Afar les contó a sus amigos que, en su aldea, todos los niños tienen sus propios espíritus protectores. A medida que van creciendo, descubren detalles en su vida que los acercan a sus espíritus. Él supo desde muy pequeño que los suyos serían los espíritus del aire y del viento».

Las historias paralelas que convergen en un punto son, en principio y si están bien dosificadas, como es el caso, de especial interés para no pocos jóvenes lectores.

Afar y Sahela, por una parte, habían convertido una vieja torre derruida en un lugar de encuentro. Esto les salvó, en aquella ocasión, de ser sacados de su aldea africana y llevados como esclavos, como le ocurrió al hermano de Afar, Ogoué. Al mismo tiempo, por otra parte -”estamos en el año 1783-”, los hermanos Montgolfier preparan cerca de París el vuelo del primer globo aerostático de la historia.

La obsesión de Afar era salir de la isla para buscar a su hermano. Preparada la barca para echarse al mar con tal fin, le alertó en ese momento una extraña sombra: era el globo de los Montgolfier, que cayó a tierra. El joven se las ingenió para volar en aquel extraño artefacto, aunque no llegó al destino pensado y deseado, sino a las cercanías de la casa de los Montgolfier, con gran sorpresa e incredulidad para todos, lo que obligó a Afar no sólo a explicar todo lo ocurrido y vivido, también a un cambio radical de vida.

Después de un tiempo, se decidió una expedición a Madeira, auspiciada por la condesa de Trichet, intentando satisfacer la inquietud de Afar en la búsqueda de su hermano. Al hacer escala en Lisboa, la intuición, el ambiente le indujo a pensar que podría estar en la ciudad portuguesa. Y así fue. Navegaron hasta la isla, donde fueron recibidos con profunda emoción.

Este sencillo esquema argumental, enriquecido generosamente en el texto, dibuja dos formas de vida, especialmente a través de las referencias a la esclavitud o de aspectos del vivir cotidiano en una tribu africana, con incidencia, en ambos casos, en la dureza de las condiciones a que se ven sometidas («Tú eres negro, muchacho -”es una advertencia hecha a Afar-”, no tendrás siquiera posibilidad de elegir una esposa»).

La historia, que ejerce la benéfica cualidad de la insinuación -”los atisbos de enamoramiento son un buen ejemplo-”, tiene los ingredientes necesarios para resultar lectura atractiva para los jóvenes lectores. Teniendo en cuenta, además, que la historia está bien contada y bien escrita, con fluidez y naturalidad. Que no es poco.

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