Soñé con el rostro que no tienes y eras tú
La noche del eclipse tú
Luis Artigue. VIII Premio de Poesía Fray Luis de León. Visor, Madrid, 2010. 66 pp.
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
Libro a libro, Luis Artigue ha ido redondeando su mundo de poeta, mundo que ha crecido en espiral hacia lo alto. La noche del eclipse tú es una espléndida muestra de una voz con presente y con futuro.
El poemario es una profunda inmersión del poeta en el interior de sí mismo para proyectar su emoción en otro ser, en ese tú que se perfila desde el título mismo. En cierto modo, el libro es un regreso a la matriz originaria, a la «tierra nutricia», aquella en la que uno nació, el vientre también que nos contuvo y nos abrió a la vida, al vientre que alumbrará o está alumbrando ya una vida imaginada, soñada, deseada, el niño (o la niña) de adopción que logrará la perseverancia, frente a la burocracia entorpecedora. En este sentido, el poemario de Artigue es una formidable prolepsis: el poeta canta un anhelo, anticipa lo que vendrá, la semilla que germina en algún lugar lejano, Vietnam, por ejemplo, y que es esperanza, emoción, fervor, vida vertida en una presencia delicada e invisible en la que se empeña un futuro compartido. Pocas veces la poesía se ha aproximado a un motivo tan original.
Esta poesía es, por lo dicho, visionaria en el mejor de los sentidos posibles, pero no quimérica. Artigue titula uno de las piezas «Poema de la experiencia». Es inevitable sorprender en el título un sesgo irónico. Apartándose de la acepción corriente, la verdadera experiencia que afirma el poeta es interior, un complejo de intuiciones y sentimientos que son vivencia íntima, guiada por una luz cuya intensidad emocional ha requerido la palabra del poeta. Me gusta emplear la palabra emoción para este libro. El poeta la usa numerosas veces: «la ley secreta de las emociones», el «contenido emocional», la «rebeldía emocional», el «documentalismo emocional», la «emoción no inventiva», etc. Lejos de posibles abstracciones, el poeta se deja mover por una emoción transitiva: los lectores lo agradecen.
Detrás de las palabras de La noche del eclipse tú hay una reflexión sobre la poesía que, si no leo mal al poeta, puede entenderse como proyección estético-verbal de las emociones de un sujeto que no obvia sus vivencias, sus anhelos ni sus lecturas, que difiere de la expresión común y que da pábulo a los sueños; la poesía enlaza con el misterio que nos supera porque supera la realidad; la poesía expresa lo que las palabras por sí solas no pueden expresar. He aquí algunas brillantes aseveraciones: «La poesía: mi humana necesidad de avalar lo incomprensible mediante metáforas para atemperar miedos»; «Una nota final de profunda sintonía con uno mismo es la poesía». He de añadir que a lo largo del poemario aparecen presencias que habitan en la vida del poeta (además de tú, ella, abuelo y abuela): Rilke, Hölderlin, «la arbitrariedad cromática» de Van Gogh, las palabras alucinadas de Kafka, la capacidad de Llamas Gil -qué férvido homenaje, que hago mío- para «retratar» los abismos interiores. Poesía y arte. Y el gusto del poeta Artigue por quienes superaron la norma y difirieron de lo gregario por medio de distintas formas de locura: «Convertir la locura en poesía es con frecuencia redundante».
Para expresar su mundo, el poeta ha optado esa vez por la prosa. Prosa poética, claro está. Además de los nombres anteriores, habría que citar otros que, si no se nombran, son sin embargo familiares: digamos Gamoneda, digamos Mestre, que han abierto caminos. Pero, transitados ya, Artigue ha desbrozado el suyo propio, personal y singular.