Diario de León
Publicado por
NURIA SÁNCHEZ VILLADANGOS
León

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La voz entrecortada

de los versos

José Enrique Martínez. Editorial Davinci, Barcelona, 2010. 176 pp.

La poesía es misterio y los artificios retórico-estilísticos que en ella se plasman suponen un auténtico reto para el amante lector lírico. Porque no sólo de novelas vive el hombre cuando el arte de versar y de expresar los más íntimos sentimientos fluye con pasión desde las composiciones poéticas de los y las poetas de todos los tiempos. Y si primero fue la poesía y luego la técnica poética, estudios como La voz entrecortada de los versos , del profesor José Enrique Martínez, parecen cumplir el sólido propósito de enseñar deleitando. Es decir, enseñar, en este caso, qué es el encabalgamiento y en qué consiste, con sus peculiaridades, sus significados y los diferentes tipos que existen, y deleitar con una expresión clara, sutil y solícita.

De esta forma, el concepto de encabalgamiento que acuñara Felipe Tejera en su Manual de literatura de fines del siglo XIX ha llegado hasta nuestros días con más o menos vigor, bajo la influencia de definiciones que pasan por calificarle como « desajuste que se produce en una pausa versal al no ser de ninguna manera pausa sintáctica», o « rompimiento de un sintagma cohesivo por la pausa de fin de verso», o « desequilibrio entre verso y sintaxis», o « transgresión de la correspondencia entre las unidades rítmica y sintáctica», entre muchas otras, facilitadas por estudiosos como Quilis, Bousoño, Navarro Tomás, Lotman o Domínguez Caparrós y que tan magistralmente nos acerca José Enrique Martínez, mostrándose coincidente con ellos en lo que respecta a que «los encabalgamientos entorpecen la marcha normal del ritmo sintáctico [-¦], se produce así una sensación de avance trémulo, de jadeo, realzando el propio significado conceptual expresado por los versos». A continuación, después de los efectos expresivos del encabalgamiento, pasamos, por así decirlo, a las cuestiones prácticas, con ejemplos concretos de los encabalgamientos existentes y visibles en Sonetos espirituales y Estío de Juan Ramón Jiménez y en la obra poética de Elena Martín Vivaldi. Pero, además, a modo de curiosidad, existe un capítulo dedicado a las reglas de dicción y de entonación de dichos encabalgamientos a la hora de recitarlos en voz alta, momento en el que tendremos que elegir entre hacer «una lectura prosaica, conversacional» o «una lectura musical, métrica». Finalmente, redondeando el estudio, también existen capítulos dedicados a la relación entre encabalgamiento y verso libre, por un lado, y encabalgamiento y su (com)postura con los metros clásicos, por otro, así como en qué consisten los llamados «encabalgamientos forzados», donde, tal vez, se produzca un mayor «aumento de las posibilidades informacionales del texto artístico respecto al no artístico», provocando, por ende, que «cualquier fenómeno de la estructura del texto artístico sea un fenómeno de significación».

Después de todo, al atento lector le corresponderá dilucidar si el encabalgamiento es una licencia procaz de la poesía contemporánea o un avance para «relajar las marcas auditivas de la poesía tradicional en favor de nuevas opciones de lectura», como un resultado más «de la crisis de la oralidad y la consiguiente conversión de la poesía en un objeto destinado a la lectura privada y personal». A fin de cuentas, dentro del entramado poético, como dijera Eduardo Milán, «no fallen los caballos del encabalgamiento / que abren los sentidos».

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