Un grito en la oscuridad
Los cuadernos de la pelea
Victoriano Crémer. Prólogo de G. Santonja, Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Segovia, 2010. 142 pp.
JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ
Fue Victoriano Crémer un río incesante de palabras, una pluma siempre afilada y acerada, una memoria personal y social, una conciencia crítica ante el mundo. La muerte lo encontró con la pluma en la mano. Aparece ahora un libro póstumo, Los cuadernos de la pelea , en el que Crémer reincide en las crueldades, violencias y muertes en la ciudad de León durante los primeros momentos de la guerra civil y a lo largo de la misma. Podría decirse que se trata de una nueva crónica de las prisiones y pasiones que sufrió Crémer, y no sólo él, sino toda una serie de personajes de la sociedad leonesa, que pueden alzarse como símbolo de los otros muchos que en ciudades semejantes a León padecieron persecuciones y muertes violentas. Son los muertos elocuentes y ejemplares a los que tantas veces se ha referido Crémer en su poesía.
Silencio y miedo son las palabras que dan el tono del ambiente en el que se movía la ciudad. Y Crémer atestigua la autenticidad y la verdad de lo que cuenta. Lo ha narrado en diferentes ocasiones, señaladamente en sus memorias, Ante el espejo , y en el Libro de San Marcos . Pero se trata de ejercitar otra vez la memoria para no perderla, para que los nuevos tiempos no olviden. Y volvemos a leer historias conocidas y noveladas por el autor: la historia del Zancajos a quien prendieron cuando llevaba a su padre a hombros hacia tierras asturianas, la de Teresa Monje, con la que se ensañaron con una brutalidad inconcebible, la de los mineros que vinieron engañados a León, la de las Brigadas al Amanecer, la suerte de los encerrados en la celda número 5 de San Marcos, con el propio Crémer, o después en la carcelona de Puerta Castillo, distintas historias de los sacrificados a garrote vil o a balazos, etc., etc. «Nadie tiene derecho a disponer de la vida de los demás hombres», escribe Crémer. Pero eran tiempos en que los principios más elementales habían sido convenientemente enterrados.
Los cuadernos de la pelea siguen espoleando la memoria ciudadana con la misma fuerza que en cualquiera de los libros anteriores de Crémer. Termino con unas palabras del prologuista, Gonzalo Santonja: Crémer, «lúcido en la tristeza, trata aquí del dolor y de las víctimas, de la represión y del clímax negro, apuntando recuerdos y reflexiones depurados de pasiones cainitas para poner a los verdugos y a sus colaboradores en el rincón apagado que merecen: el del silencio, el de la nada, el del olvido».