Sembrador en tierra
Es más fácil afrontar los grandes problemas que aguantar los detalles adversos, porque la convivencia armónica depende siempre de las pequeñas iniciativas traducidas en ilusión.
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Ser rico tiene muchas ventajas, si se utiliza bien la riqueza: permite lograr un nivel de bienestar pretendido, pero sobre todo poder ser rebelde sin correr riesgos.
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Si los árboles producen oxígeno, deberemos amarlos y cuidarlos, aunque sólo sea por puro egoísmo. A lo mejor en algún momento los «ecologistas» puedan darse cuenta de verdad.
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La ignorancia puede facilitar ciertas creencias, por lo mismo que ante las «mentiras religiosas» el creyente se siente bastante inútil y desfasado.
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La paciencia en esta vida y la esperanza en la felicidad eterna son las premisas mejor utilizadas por los sacerdotes-predicadores para que todos aguantemos los males del presente.
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A estas alturas seguimos sin saber si deben gobernar los mejores y sabios o los listos, mediocres y aprovechados; los segundos hoy están en el poder.
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La tolerancia es el verdadero sello de la sabiduría. A partir de ahí surgen ideales tan maravillosos que incluso parecen falsos y nos llevan a la contradicción del rigor.
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Odiar no vale la pena porque para ello se pierden muchas energías que pueden ser aprovechadas para saber convivir con la adversidad sin caer en el insulto.
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Conseguir el éxito es relativamente fácil; lo meritorio y difícil es hacerlo durar e instalarse en él. Sería como creer en imposibles o milagros.
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Las claves de la convivencia tienen que ver con los detalles y respeto de los silencios de los demás. Los grandes temas se hablan con frecuencia y los problemas serios siempre tienen la solución adecuada.
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Cuando todo se mide y se valora en términos de interés, aflora el egoísmo y las tensiones impiden la serenidad necesaria para lograr un buen entendimiento.
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Se puede precisar que las principales sensibilidades humanas tienen que ver con el dinero, la política, el amor y la religión en función de algunos rincipios básicos como la justicia, el honor, la lealtad, la necesidad o la casualidad.
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En la vida hay nacimiento, desarrollo, plenitud, decadencia y muerte. Lo mismo conocemos con respecto a los ciclos lunares: creciente, llena, menguante y nueva. Los calendarios son la plasmación real.
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Si la persona no fuera mortal no serían necesarias las religiones, porque, sobre todo, tratan de solucionar la vida después de la muerte con carácter de eternidad o de reencarnación.
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Para quien tiene inquietudes y preocupaciones el descontento y la insatisfacción están servidos; así se estimula el individuo y desarrolla vías de conocimiento y progreso.
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Para triunfar casi siempre hace falta rigor y mano dura, pero compaginándolos con la generosidad, la ayuda y la seguridad.
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Hace falta mucho coraje, pero también una gran dosis de paciencia para cambiar las cosas. Son además imprescindibles el convencimiento, la capacidad y la aceptación de los demás.
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El fracaso puede generar frustración y odio, porque siempre buscamos culpables en los otros; los éxitos en cambio siempre son propios.
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Las aventuras y los riesgos necesitan mucha valentía y el estímulo de novedades gratificantes. Quien no puede entender esto es un arraigado pusilánime.
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Los gobiernos siempre tienen dificultades o además son criticados con frecuencia por razones políticas y otras muchas circunstancias de competitividad y enfrentamientos. La clave está en el control del poder.
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Si se le asigna poder a un inepto, los riesgos de fracaso son muy probables. Si además es pretencioso y soberbio, la ruina no tardará en llegar.
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Puede ser fácil controlar los trabajos humanos y encauzar los pensamientos, pero parece imposible gobernar los sentimientos personales en el campo amoroso.
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La obediencia excesiva y continuada puede generar despotismo y al mismo tiempo negar valores como la educación, la convivencia armónica y la solidaridad. Lo que importa es una voluntad férrea que nos lleve incluso al dolor y la agresión.
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Toda la Historia se ha movido por los intentos de dominación; nunca se consiguió del todo, pero siempre se seguirá intentando.
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Los éxitos suelen provocar envidias y deseos de destrucción. Cuando aprendamos a estar a gusto con nosotros mismos lograremos la estabilidad y la paz interior.
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Los aparentes triunfos a veces coinciden con ruinas y desastres personales, porque los logros no tienen el mismo valor para todos ni significan lo mismo.