La vida te vive aunque tú no quieras

Zonas comunes
Almudena Guzmán. XXIV Premio Tiflos de Poesía. Ed. Visor, Madrid, 2011. 94 pp.
Almudena Guzmán es autora de varios poemarios, entre los que Usted (1986) sigue siendo el más conocido. En 2005 fue premio «Claudio Rodríguez» con El príncipe rojo . El Tiflos lo consiguió con el libro que reseño, Zonas comunes , título muy apropiado para un texto que no busca lo singular, lo que aísla, lo sobresaliente, sino el ámbito de lo ordinario, como el propio modo de ser de esta poesía que no impulsa novedades ni camina por raros vericuetos. Lo suyo es decir algo reconocible, cercano, comprensible, fácil de asumir, en un lenguaje sin sobresaltos, pero con ingenio, con brevedad y con gracia, de lo que es responsable el verso final, que suele dar un cambio, un revés inesperado: «Para qué tanto estudiar / y esforzarse tanto / si ahora nos vemos de puerta / en puerta, / como los mormones, / buscando trabajo. / Una cosa me atormenta. / ¿Seremos tan pesados como ellos?».
Las Zonas comunes pertenecen tanto al ámbito «De lo público» como «De lo privado», las dos partes del poemario. En la primera poetiza y cuenta (o sugiere llegado el caso) problemas de hoy y de aquí: «el arresto domiciliario del paro», el lujo y el orgullo de los poderosos y los ricos, el mundo al revés («convertir a las víctimas en verdugos»), los peligros de las ideologías totalitarias («Han pintado la cruz gamada / sobre el ciervo rupestre»), las listas de la muerte «del Gólgota a Sebrenica», las otras listas de regulación de empleo «sin explicaciones, sin motivos, / simplemente porque sí», el triunfo de los sinvergüenzas, a los cuales «nunca les toca pelarse ni remojarse las barbas», el destino de los perdedores, el «orden económico» que justifica los desmanes, la suerte de unos pocos sobre el infortunio de los muchos, etc.
En el ámbito de lo privado, prima la presencia de un sujeto identificable con la poeta: «Se supone, / a mis cuarenta y cinco años, / que estoy tan cerca de la vida / como de la muerte, / en plena edad media. / No me entusiasma la idea. / Quisiera llegar al renacimiento». Un sujeto con sus lecturas, sus evocaciones, sus días deliciosos y sus tardes de tedio, sus ganas y sus desganas, sus costumbres ordinarias, sus ensoñaciones y sus soledades, sus pequeños placeres, sus banalidades también, su primera cana, «una incursión de la nieve / en los dominios de rubio ceniza», sus esperanzas («el espejismo de siempre»), sus temores...
Más cerca del cuento que del canto, estos poemas breves se leen con agrado, se salvan porque en las zonas comunes, con más heridas que deleites, el verso ingenioso, inesperado, acaba dándonos, en los mejores casos, el forro de las cosas, haciendo de «la cama sin hacer una metáfora de la vida».