Polisemina del dolor sentimental

El final del amor
Marcos Giralt Torrente. II Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. Ed. Páginas de Espuma, Madrid, 2011. 164 pp.
S i en algo se comprueba la originalidad de un escritor es en la valentía para intentar que reverdezcan los lugares comunes; los tópicos miles de veces repetidos. Y el fracaso del amor, a pesar de la realidad dramática que tantas veces conlleva, es uno de ellos. De ahí la admirable sensación que el lector siente ante estos cuatro relatos extensos, nouvelles en realidad.
Narrados en primera persona, el narrador adopta miradas distintas en cada uno de ellos, pero el resultado es siempre de gran impacto emocional. Entre el primero «Nos rodeaban palmeras» (donde se recuerda el final del amor en unos escenarios exóticos y unos personajes distantes y extraños) y «Última gota fría» (visión dramática de un segundo amor que, milagrosamente, retornará a los sentimientos primeros) se sitúan «Cautivos» y «Joanna». Probablemente, «Cautivos» sea la pieza literaria mejor lograda. El narrador (primo de Alicia, la esposa de Guillermo Cunningham, por la que siente un afecto especial) asistirá sorprendido al principio y aterrado después al galopante deterioro sentimental entre ambos. Nada es previsible, a pesar de ciertos indicios, pero el paso del tiempo y la ausencia del amor desembocarán en un desenlace trágico en el aristocrático cigarral toledano. No falta en todo este proceso una extraña relación entre Guillermo Cunningham y el narrador, escritor en ciernes, que dignifica el texto. «Joanna» ofrece tal vez la visión más delicada y sutil del amor. Se trata de la evocación de un intenso afecto adolescente, cuya protagonista femenina desparecerá inesperadamente para resurgir de forma abrupta mucho tiempo después.
Un aspecto decisivo de la obra es la forma narrativa de la que hace gala Marcos Giralt Torrente. Aunque la sencillez es el elemento esencial de estos relatos, abundan ciertas figuras retóricas utilizadas de forma nada artificiosa. Acotaciones personales, observaciones metaliterarias, anáforas, pausas en el relato (por ejemplo, «un inciso:») dotan a la versión oral del narrador de una inesperada consistencia literaria. Son recursos formales que realzan a la belleza de estos textos, testimonio muy expresivo de ciertas situaciones humanas.